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Sábado, 02 Julio 2022 01:48

El futuro ya no es lo que era

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El país ha ingresado al vértigo propio del proceso sucesorio. Acontece con una inédita anticipación, como también ha sido la manera como la coalición gobernante procesa la selección de su candidato presidencial. La política tiene su propia lógica y la ley no puede sobreponerse de manera irracional, pero tampoco se puede ignorar lo que la norma manda. La simulación o el fraude a la ley nada positivo aporta, menos cuando de lo que se trata es elegir un nuevo gobierno.

Cualquiera que sea el desenlace, cualquiera, es importante que la renovación del poder signifique romper con la polarización y el deterioro institucional actual. No se trata de regresar al modelo de gobernabilidad que antecede al arribo de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, sino dar paso a una opción con lo mejor de lo actual y del pasado. Esta tarea deberá ser acometida de manera incluyente, sin complacencia a la venalidad, al abuso del poder y al desdén a la legalidad.

La lucha democrática por el poder contribuye a la polarización. Mucho más cuando su mayor impulso viene de la coalición gobernante o de la presidencia de la República. La oposición no debe caer en tal inercia, tampoco debe hacerlo la crítica independiente que ha cumplido una importante función en la defensa de lo mejor en condiciones adversas y de franca provocación desde el poder.

Por importante y poderoso que sea quien gobierna su ciclo es transitorio, además, en el trayecto, hay estaciones que merman la influencia y el poder gubernamental, particularmente el inicio formal e informal de campañas, especialmente cuando ya hay candidatos perfilados, no necesariamente formalizados.

Es imprescindible construir puentes de entendimiento. Comprender la competencia por el poder, pero también que haya un sentido de contención porque mañana será tarea de todos recoger los platos rotos y de manera corresponsable trabajar para atender los retos y oportunidades del porvenir.

Al momento de recomponer y construir el país el mundo será distinto. Requerirán cuotas mayores de inteligencia, oficio, así como compromiso y lealtad a México. Tarea de todos, no sólo de los políticos o de quienes lleguen al gobierno.

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