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Sábado, 12 Febrero 2022 18:12

Obligada serenidad

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El mensaje del presidente de pausar la relación diplomática con España a manera de ganar respeto ante el supuesto abuso de las empresas hispanas en el territorio nacional, es un exceso que demanda serenidad de todos. Palabras que nacen del impulso o del cálculo como elemento distractor, no importa su razón. La respuesta de la opinión pública y de los expertos en la relación económica, cultural y diplomática entre ambas países vuelve obligado tomar las cosas con mesura y no profundizar en lo que puede resultar en una herida que no merecen las naciones, ni los pueblos, tampoco los Estados.

Si es el caso de que hay razón para el enfado del jefe del Estado mexicano sobre el comportamiento impropio de empresas en colusión con los gobiernos de ambas naciones en los últimos tres sexenios, esto no debe llevarse al plano de la retórica, ni siquiera de la diplomacia. No son los gobiernos ni las empresas las que incurren en delitos, son las personas y por ello lo que corresponde es presentar las denuncias respectivas para que la justicia cobre curso y sean sancionados quienes hayan incurrido en faltas o delitos.

El presidente López Obrador habló de denuncias ya presentadas. No se sabe que existan, sólo se habla de abusos y faltas graves en perjuicio de la CFE y sería útil, conveniente y recomendable conocerlas porque así se particularizaría la responsabilidad y al menos podríamos saber la causa del disgusto presidencial.

La relación con España es positiva, trascendente y con múltiples beneficios mutuos. En mi opinión, lo más relevante está en el ámbito de la cultura, pero no se puede soslayar la importancia de la relación económica. Las empresas de uno y otro país se corresponden a las oportunidades de negocio, la confianza y la certidumbre, más que a la afinidad entre ambos pueblos, que sí existe y que trasciende a lo que hagan empresas y gobiernos.

La recuperación económica requiere de la inversión, y la propuesta de pausar la relación no contribuye a ella, y lo que es peor, el mensaje hostil no solo va dirigido al inversionista hispano, también a los de otras naciones, incluso a los nacionales. Por lo anterior, es recomendable que se imponga la serenidad por el bien del país.

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