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Mínimos electorales

Normalmente las elecciones se valoran en función de ganadores y no favorecidos. Es explicable, de eso se trata la contienda. Sin embargo, es preciso remitirse al juego en sí mismo, independientemente del resultado. Considero que esto es lo fundamental, aunque también el haber interiorizado la normalidad democrática, lo vuelve quizás ocioso o irrelevante.

Lo fundamental es que las elecciones se desarrollen con orden y sean concurridas. Como se decía hace décadas, que los votos cuenten y se cuenten. A lo anterior hay que incorporar la legalidad del proceso y la imparcialidad de las autoridades electorales, subrayo, electorales. Mi postura de siempre ha sido y así lo escribí hace dos décadas en la Presidencia Moderna, que es natural que en la elección intermedia los ejecutivos busquen ser ratificados en su mandato con mayoría en el Congreso. Lo que sí debe haber son límites para evitar el abuso del poder y alterar las premisas básicas de equidad.

La ley electoral es restrictiva en extremo de las libertades políticas derivado de la experiencia, para algunos traumática, del proceso electoral de 2006. Sí soy de la idea de que hay que repensar una reforma electoral en función del ciudadano, no de los partidos ni de las autoridades. Al INE debe fortalecerse en su condición de organizador de las elecciones y las tareas de sanción deben trasladarse a otro órgano. No se pueden realizar las dos funciones sin tensiones y desgaste para lo fundamental que es organizar los comicios.

Estimo que los actores políticos y los sociales, desde ahora, deben emprender una labor no solo orientada al interés del resultado, sino revalorar y acreditar en la ciudadanía que después de mucho tiempo y esfuerzo, logramos un sistema electoral ejemplar al mejor estándar de cualquier país, lo que no es poca cosa a partir de los antecedentes.

Desde luego que hay problemas que no se pueden soslayar. En mi apreciación el mayor es la amenaza del crimen y su presencia en el financiamiento de campañas. Todos, debemos hacer un frente común para contener este problema, particularmente porque se centra en la autoridad municipal, las más frágil y en muchos sentidos, la más importante.

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