El mayor bien para el mayor número de personas”
Jeremy Benthanm

Nada parecido nos ha tocado padecer a esta generación como los efectos de la pandemia. La luz al final del túnel se asocia a lo que todavía no existe: un tratamiento razonablemente eficaz o la vacuna. Tarde que temprano llegarán, pero el mundo será distinto y nosotros, cada uno a su manera, seremos diferentes. La pandemia y el encierro han sido aprendizaje. En el orden de las instituciones y las ideas, quizás haya un sentimiento mayor hacia la solidaridad o la responsabilidad hacia uno, hacia el medio ambiente y hacia los demás, pero también ronda la amenaza a las libertades, la idea de que se requiere sacrificarlas en aras de la eficacia social.

El gobierno ha cometido muchos desaciertos en medio de la tragedia, pero ha habido puntual definición a favor de las libertades, y no es un asunto menor habida cuenta que es un tema muy discutible porque este tipo de emergencias invitan a sobreponer lo colectivo sobre lo individual, el beneficio de los demás sobre el derecho de las personas. Y hay razón, porque se puede optar por el derecho a ser contagiado, pero no así el de contagiar. Hay interés público y también individual. Lo rescatable de esto que es un debate difícil de superar, es que ha quedado en claro que el respeto a las libertades no es negociable.

En términos de geopolítica global, tendremos un nuevo equilibrio. El daño económico no ha sido parejo. Es alentador que los poderosos que pueden llegar al descubrimiento de la vacuna hablen de que la cura debe ser patrimonio de la humanidad y no negocio de las farmacéuticas. Sí se deben financiar los costos que entraña el esfuerzo y la inversión de muchos para llegar a la vacuna, pero es de sentido básico humanitario que prevalezca un propósito de socializar el beneficio, sin asociarlo a la capacidad de pago, individual o colectivo.

La cuestión es la espera, porque el daño va creciendo y acumulándose. Nuestro país tendrá más pobres debido a esta interrupción de lo que había sido un largo y sostenido proceso de disminución de la pobreza, y de la pobreza extrema. Van a ser necesarias, más allá de lo previsto, iniciativas que atiendan esta grave complicación. El gobierno deberá modificar sus prioridades en materia de gasto y de política social. Los recursos deberán llegar a quienes se debaten en la miseria. El punto es que esto pudiera presentarse cuando muchos de los sectores de la economía que generan la riqueza que el país necesita en forma sostenida, estén ya en dificultad y requerirán de tiempo para recuperarse.

Es necesario transitar a un marco de colaboración y entendimiento en lo fundamental. Hay diferencias que al parecer son insalvables. El Presidente ha sido claro y no creo que quiera cambiar, con todo y que mucho de lo que cree y piensa, va a contrapelo de lo que sucede en el mundo. Esto no significa que no pueda haber planos de acuerdo. De otra manera estaríamos dando vueltas en círculo: un grupo pequeño privilegiado por el favor oficial y grandes sectores a la expectativa de que el gobierno actúe responsablemente, sin privilegiar o discriminar.

En este espacio hemos insistido sobre la necesidad de fortalecer a las instituciones y por encima de ello el principio de legalidad. Por ocasiones el gobierno parece actuar en sentido contrario. Sin embargo, debemos persistir en el esfuerzo y entender que el tiempo inexorablemente favorece la responsabilidad y la resiliencia de proyectos que tienen sólidos asideros en la realidad y en las necesidades y aspiraciones de los mexicanos.

La vía para superar el descontento histórico es con buenos resultados y especialmente a través de la aplicación de la ley y de las instituciones de justicia. Nada bueno se puede construir a partir del agravio real o imaginario de la sociedad. Insisto, lo importante son los resultados y la capacidad de resistir ante la afrenta, la adversidad o la provocación. Se requiere perspectiva y horizonte.

En las elecciones intermedias eso está escrito, un nuevo equilibrio político habrá de presentarse como consecuencia necesaria del componente local de los comicios concurrentes. Esto significará seguramente el retorno de la pluralidad en la Cámara de Diputados, así como en muchos de los gobiernos locales y municipales. El país deberá retornar a la negociación y a los acuerdos.

Pero para mejorar, se precisa aprender de los errores. El cambio, que es propio de la coexistencia de la pluralidad, con frecuencia fue subvertido o desviado por la intransigencia. Importantes acuerdos no se sustentaban en sus méritos, aunque los hubiera, sino en una relación inmoral entre el gobierno y las oposiciones. El mayor reto en tiempos de adversidad habrá de ser construir juntos un camino donde la visión de desarrollo que promueva el gobierno signifique no la ruina económica que a ratos se perfila, sino el equilibrio para lograr crecimiento duradero con igualdad social.

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