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No ha faltado quien haga señalamientos críticos al presidente López Obrador por su postura prudente y mesurada hacia el presidente Trump. El presidente mexicano puede ser en algunos temas belicoso, pero entiende con claridad el interés nacional. Muchos fueron desproporcionadamente críticos al gobierno anterior por la misma consideración: el cuidado de la relación bilateral. Cierto es que el presidente Trump despierta en muchos mexicanos un sentimiento de rechazo, pero también es cierto que mucho de lo que hace y dice tiene una motivación electoral.

Es un hecho que el gobierno ha sido cuidadoso en no caer en el juego de las descalificaciones. Finalmente, más que las palabras cuentan los hechos. En la coyuntura actual, pendiente de la ratificación del acuerdo comercial de América del Norte, es preciso no ser involuntariamente parte en la encendida disputa entre republicanos y demócratas. El oportunismo electoral, quizás más que en ninguna otra parte, allá lleva a extremos y no es difícil que México sea afectado sin otra razón que la conveniencia coyuntural de cualquiera de las fuerzas en contienda.

El tema laboral es central en EU no sólo por razones económicas o de justicia, sino por consideraciones electorales. Trump ganó la nominación republicana y la elección presidencial porque pudo conectar con los trabajadores que ven en los migrantes un problema, así como el que muchas empresas resuelvan trasladarse a México para disminuir costos que en no pocos casos ha sido para éstas cuestión de supervivencia. Mantener sus líneas de producción con los costos del país vecino los obliga a una inversión considerable en automatización, lo que de cualquier manera afecta al empleo y a los salarios en el país vecino.

Se entiende que en el acuerdo comercial trilateral se haya puesto en la mesa la necesidad de una reforma laboral en México; no hacerlo frenaría al acuerdo. Ahora correspondía cumplir el compromiso y hacer una reforma en los mejores términos posibles para el país. En este empeño quizás debió haberse dado más espacio a la postura del empresariado nacional. Es una reforma que en el balance general es positiva, además promueve la modernización gremial y es un acierto de las autoridades, del Consejo Coordinador Empresarial y del sector laboral el que se haya suscrito un acuerdo para que el nuevo régimen sirva a los trabajadores y también a la economía nacional.

En el tema migratorio también es positivo que las autoridades mexicanas pongan en claro que el país no será santuario ni estación de paso de la inmigración ilegal proveniente de Centroamérica. Las acciones que se realizan en la materia, con estricto respeto a los derechos humanos deben ser un claro mensaje a las sociedades de nuestros vecinos al sur para desalentar el tránsito ilegal de personas por el territorio nacional. Por su parte, las acciones de política social en los territorios de emigración nacional es la respuesta no sólo la más humanitaria, sino la más razonable para retener el capital humano que se pierde, precisamente por las condiciones de pobreza en dichas regiones.

Otro de los temas de atención en la relación bilateral es Venezuela. Las autoridades mexicanas deben acreditar el interés de una solución pacífica y el respeto a los derechos humanos y a la democracia. Lo que se ha hecho hasta hoy hace creer que en las autoridades hay afinidad hacia el gobierno de Nicolás Maduro. Cabe destacar que los primeros años del gobierno anterior se mantuvo una postura semejante a la actual, en el sentido de mantener neutralidad y de distancia con la oposición venezolana. En los dos últimos años hubo un cambio importante. Es recomendable que a la luz de la evolución de los acontecimientos, sin comprometer los principios de la política exterior mexicana, un cambio en la materia y que acredite a México y a su gobierno como un país líder en derechos humanos y de una diplomacia activa y eficaz para hacer valer la democratización de Latinoamérica. Esto debe ocurrir no como concesión al país vecino, sino como una expresión del interés nacional. Ofrecer asilo político a Leopoldo López y a su familia sería un gesto simbólico de mucho significado y con apego a lo mejor de la diplomacia mexicana.

El Plan Nacional de Desarrollo no solo refiere al respeto que México tiene y debe al vecino, también habla sobre la necesidad de revisar en el marco de la ONU y en la relación bilateral la lucha contra el tráfico ilegal de estupefacientes que ha dado muy malos resultados y que sí ha generado en México violencia y descomposición social e institucional.

Son muchos los temas críticos. Algunos de tensión y otros de fácil acuerdo y entendimiento. Por lo pronto es evidente que el interés en muchos temas fundamentales es compartido. México ha sido un buen vecino, pero, además, en la actual circunstancia también debe acreditar que en su gobierno hay sensibilidad y una inteligente mesura.

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