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La espera

El periodista y expresidente uruguayo, José María Sanguinetti, señalaba que la transición democrática exitosa se daba en la adecuada administración de dos sentimientos: el miedo de los que se van y la impaciencia de quienes llegan. En México no está en curso una transición de tal naturaleza, pero tampoco es un relevo más de administración. En el marco de la democracia que existe, imperfecta y con insuficiencias como todas, el mandato fue peor que adverso para el partido gobernante y favorable en términos inéditos a la coalición ganadora, que plantea un cambio de régimen, una propuesta de refundación de principios y de la visión del poder, claramente diferenciada respecto al pasado.

El relevo aún en estas condiciones, se ha dado en términos de constructiva colaboración, esto descarta que el temor de unos o la prisa de otros se imponga. El candidato José Antonio Meade anticipó, con su pronto reconocimiento del resultado, lo que serían los términos de la relación con el ganador del gobierno que concluye. El país parece estar construyendo las condiciones para un relevo de administración que no solo se haga en términos de normalidad, sino que también aporte certidumbre hacia todos los ámbitos. El mensaje del candidato ganador, a pocas horas de haber concluido la elección, pudo conciliar dos elementos complejos: la certeza de que se cumplirá con lo ofrecido y el compromiso de actuar con sensatez y prudencia.

El tiempo de espera entre la elección y la toma de posesión es irracional: 5 meses son un absurdo. Cambió la Constitución para que en 2024, el cambio de administración se haga el 15 de septiembre. También la calificación de la elección presidencial debe concretarse de manera expedita, como ocurrió en esta ocasión. La constancia de mayoría debería estar seguida por la toma de posesión y no tener que esperar como es el caso.

En un sector de la opinión pública se ha tomado a mal la disposición del presidente Peña para facilitar el arranque del nuevo gobierno. Considero que la postura no solo es un tema de realismo, también es el sentido del mandato. Para el caso, es un procedimiento adecuado mediante iniciativa de ley, emprender las modificaciones que va a requerir la organización del nuevo gobierno, así como los nombramientos que tienen que transitar por la dictaminación del Congreso. Igualmente, es de sentido común que el proyecto de presupuesto y la iniciativa de la ley de ingresos sea conforme a los criterios de la nueva administración. Referirse a sumisión o humillación del presidente saliente por conceder estos aspectos es un despropósito. Es mucho más que un tema de civilidad política, se trata de aportar para que quien ya tiene el mandato democrático pueda cumplir su compromiso.

Estimo que la política abre espacio para hacer virtud lo que es un problema. La prolongada espera no tiene por qué volverse inmovilidad de la administración que concluye, tampoco pasividad por quienes habrán de asumir el cargo en áreas críticas de la administración. Es un acierto que el acuerdo atienda a los temas de la economía, así como al de la seguridad pública. Todo lo que pueda hacerse al respecto abona a la certeza y la confianza, aspectos fundamentales para un nuevo gobierno, más cuando estamos ante escenarios sumamente inciertos en varios planos de la economía y de la relación bilateral con EU y, desde luego, lo que preocupa a muchos mexicanos: la seguridad pública y la justicia.

Quienes llegan tienen oportunidad de escuchar las muchas voces y propuestas, así como despejar en justo término el prejuicio natural que el opositor tiene respecto al que gobierna, prestar oído fino no solo a quien habla, reclama, exige y dice, también a esa mayoría silenciosa o aquellos que mucho tienen que aportar y que optan por actuar en el refugio de la discreción. El especialista y el experto pocas veces forman parte del coro vociferante. También hay agendas particulares que buscan presionar a quien llega en su propio beneficio o perspectiva de las cosas y de las soluciones.

Los encuentros del futuro gobierno con la sociedad son útiles y dan espacio a quienes tienen una postura clara sobre lo que debiera hacer quien va a quedar al frente de la nación. Está bien que organizaciones civiles o ciudadanos comunes o destacados expresen lo que a su interés convenga, pero en la consulta y el diálogo debe tenerse presente que quien tiene el mandato, con abrumadora mayoría –por cierto– es el futuro presidente quien, si bien no recibió cheque en blanco, sí tiene la condición de ser el portador de la esperanza de muchos mexicanos para ejercer un gobierno distinto al que tenemos, aunque no necesariamente a satisfacción de todos o de grupos particulares.

A ese respecto, es poco decoroso remitir la discusión a los nombramientos. Las organizaciones civiles que se empeñan en ello dejan bajo sospecha el sentido de su causa y la honestidad de sus intenciones. Así, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador ha hecho público desde la campaña tres nombres de prospectos de futuro fiscal general de la República, cualquiera de los tres cumple plenamente la calidad profesional y personal para una responsabilidad de tal naturaleza. Estimo que el Senado deberá incluir esa terna en los 10 nombres que haga llegar al presidente actual y que este envíe precisamente esa propuesta para que el Senado tome la decisión con perspectiva y claridad sobre la transformación que debe tener la procuración de justicia en el país.

Una buena señal por lo que es y representa, es que se haga virtud de la larga espera. Los problemas y las oportunidades allí están, también el anhelo de muchos mexicanos de que el relevo de gobierno signifique un cambio pronto y sustantivo para bien. Que la política se acredite para hacer del acuerdo y el entendimiento una plataforma constructiva en el marco del tránsito hacia el nuevo gobierno, abre espacio para un razonado optimismo sobre lo que se avecina, tarea que compromete no solo a los que van y, especialmente a los que llegan, también incluye al conjunto de la sociedad. Mejorar y resolver son objetivos que comprometen el empeño y la participación de todos.

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