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Liébano Sáenz

Liébano Sáenz

Reto Zuckerberg 2015

El creador de Facebook Mark Zuckerberg, se ha propuesto para este 2015 mejorar su propio hábito de lectura, y hacer que los usuarios de Facebook nos sumemos a la iniciativa que acaba de proponer: leer un libro cada dos semanas, el reto suena indispensable para los días que vivimos ávidos de nuevas reflexiones que atiendan a nuestra realidad inmediata con profundidad.

Galardonado al Salón de la Fama 2015

 

 

Cada año la Revista Campaigns &Elections México, premia lo mejor y más destacado de la consultoría política y prácticas gubernamentales, así como aportaciones académicas al ámbito de la comunicación política. El REED LATÍNO, también conocido como el “Oscar de la consultoría política”, se llevará a cabo este año en Cancún, Quintana Roo, México, los días 23 y 24 de Octubre.

Ahí se darán cita lo mejor del marketing político, además de políticos, candidatos y aspirantes a cargos de elección popular no sólo de México, sino de toda Latinoamérica.



Liébano Sáenz de transición a la Reinvención Líderes Mexicanos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los 300 más influyentes de México

Encuesta Nacional. Gobierno, Sociedad y Política

Una de las premisas de una sociedad libre y abierta es la información. Reivindicar el derecho a conocer y saber es la premisa obligada para el ejercicio pleno de derechos y cumplimiento de obligaciones de los ciudadanos, los actores fundamentales de toda democracia. Hoy día la libertad de expresión se revela como uno de los grandes principios de la sociedad contemporánea.

La información, por su propia naturaleza, es amplia, diversa y compleja. Corresponde a los medios de comunicación, analistas e informadores su selección, jerarquía, organización y, especialmente, su interpretación. Los datos por sí mismos poco dicen; invariablemente demandan de un tratamiento ulterior, de su selección y análisis para así lograr un ejercicio, entre muchos, de posible lectura o interpretación.

Los estudios de opinión son una de las nuevas realidades de la sociedad contemporánea. Cada vez son más las empresas, metodologías, objetos de análisis y difusores de estos análisis. La prensa, la red, la radio y la TV de manera creciente utilizan la encuesta no como instrumento de información y de análisis de la realidad. La opinión no sólo es conocimiento, también se ha vuelto noticia y revelación.


Gabinete de Comunicación Estratégica –GCE–

ha sido un nuevo actor en la materia. No obstante, es una de las empresas que realiza con mayor frecuencia estudios demoscópicos. A partir de 2005, a solicitud de diversos clientes del sector público, privado y político ha realizado más de 500 estudios de opinión sobre distintos temas. Con base en un sentido de responsabilidad y para fortalecer su presencia en el mercado, durante los comicios federales de 2006, previo registro ante el IFE presentó su encuesta semanal de actitudes ciudadanas respecto a la elección y las campañas de los partidos y sus candidatos. Ahora, pone al alcancedel público el estudio Encuesta Nacional. Gobierno, Sociedad y Política.

Los estudios de opinión son aproximaciones a la realidad. Por su propia naturaleza no cumplen con la expectativa, frecuente en un sector del público, de que la encuesta refleje de manera unívoca y exacta la realidad. Salvaguardas técnicas como margen de error, nivel de confianza o los propios derivados de la dificultad de los estudios de opinión (ejemplo cómo preguntar) se eluden y se demanda grados de exactitud y precisión incapaz de lograr. El desconocimiento de los límites intrínsecos a la disciplina, ha llevado que el optimismo y la confianza que se depositó inicialmente en ellos, ahora se acompañe de una creciente reserva sobre su calidad y ejecución. Lo acontecido en los comicios locales recientes abona a ese infundado, pero explicable desencanto con los estudios de opinión relacionados con la medición de preferencias electorales.

A partir de esta circunstancia, una observación crítica de la que somos acreedores quienes realizamos o difundimos estos estudios es el no plantear ante el público los límites de la encuesta. Nuestro objetivo es presentar la descripción de la realidad a partir de aproximaciones y no certezas. Respecto a esto, es preciso señalar que la encuesta es una fotografía borrosa –valga la metáfora– pero auténtica de la realidad. Por su parte, la realidad es compleja, es un devenir, es la condensación de diversos procesos que cambian y se reacomodan en el tiempo. Así ocurre en temas políticos y electorales como en cualquier actividad social. Esta situación es necesario tenerla presente, porque la encuesta lo que nos revela, más que una explicación final y concluyente de la realidad, es un segmento de dicho dinámico e invariable devenir. En este afán de conocer mejor a la sociedad y que la sociedad se “exprese” mediante el cuestionario expuesto a un público representativo, damos lugar a un diálogo colectivo tan válido como útil. En este caso, GCE presenta más que una encuesta, 32 estudios levantados de manera simultánea en todo el país que contienen una selección de temas fundamentales para aproximarnos al mosaico diverso y complejo de los muchos Méxicos que integramos la nación.

La incursión de GCE en el mundo de los estudios de opinión, se acompaña del propósito de contribuir a un mejor conocimiento de la realidad mexicana.

A este objetivo se corresponde el trabajo ahora a su disposición. Obvia decir que es mucho lo que hay por conocer. Lo que ahora se presenta es una colaboración entre muchas otras, en la difusión de este conocimiento. GCE lo realiza a partir de un extraordinario esfuerzo propio, con el apoyo generoso de muchos especialistas, técnicos y académicos, con la expectativa de continuidad en el estudio a manera de cumplir el deseo de la secuencia histórica y el interés genuino de que otras entidades amplíen o participen en el espectro de análisis.

Sirva esta breve introducción para expresar gratitud a todos aquellos que han hecho realidad este producto y, particularmente, dar la bienvenida a los destinatarios de este trabajo, a los lectores y especialistas que habrán de descubrir en las cifras, gráficos y cuadros, los rasgos particulares del México de nuestros tiempos.

La Presidencia moderna

La Presidencia Moderna

México ha ingresado a un nuevo siglo, y en pocos años habrá de conmemorar dos siglos de vida independiente. Una larga historia de luces, tragedia e incertidumbre.

Por primera vez en mucho tiempo, el país vive una democracia plena que se debate entre los anhelos de modernidad y las exigencias del México olvidado; la paradoja de una nación nueva con una tradición milenaria de creencias hondamente arraigadas.

El país está ante una inflexión histórica, y a esta generación le corresponde acometer tal desafío. En buena medida, los resultados dependerán de la capacidad para entender y transformar la institución política eje de la nación: la presidencia de la república.

Esta obra es una valiosa contribución a ese fin. El autor conjuga profundos conocimientos teóricos, amplia bibliografía y experiencia directa para llevar a cabo un minucioso análisis de la institución presidencial, con la convicción de que la apuesta más razonable para el cambio de un país son sus instituciones, no las personas que las encabezan, y de que el funcionario ejemplar es resultado del marco en el que se desempeña. El voto libre y mayoritario es imprescindible, pero insuficiente. En su esperanza de un mejor porvenir, razones culturales y religiosas han hecho a la sociedad mexicana propensa a privilegiar a la persona y no a la institución, pero la consolidación democrática exige revertir esa situación y salvaguardar al sistema de gobierno de las limitaciones propias de los seres humanos.

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ACERCA DEL AUTOR

Abogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas.

Fue Secretario Particular del Presidente de México, Ernesto Zedillo durante todo su mandato, cargo que había también desempeñado durante la campaña de este como Candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Su paso por la Secretaría Particular de la Presidencia de México, le permitió a Sáenz participar y coordinar importantes trabajos de gabinete y de operación política que auspiciaron importantes reformas, mismas que contribuyeron de manera destacada a la apertura y fortalecimiento del espacio plural y democrático en el que se desarrolló la elección presidencial del año 2000.    Leer más...

Acerca del Autor

Abogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas.

Fue Secretario Particular del Presidente de México, Ernesto Zedillo durante todo su mandato, cargo que había también desempeñado durante la campaña de este como Candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Su paso por la Secretaría Particular de la Presidencia de México, le permitió a Sáenz participar y coordinar importantes trabajos de gabinete y de operación política que auspiciaron importantes reformas, mismas que contribuyeron de manera destacada a la apertura y fortalecimiento del espacio plural y democrático en el que se desarrolló la elección presidencial del año 2000. De esta, surgió el primer Presidente de México ajeno al PRI después de 70 años. En 1997, al perder por primera vez en la historia del país, la mayoría en la Cámara de Diputados, Sáenz se convirtió en un negociador importante de la Presidencia con las distintas fracciones políticas representadas en el Congreso.

Anteriormente Liébano Sáenz había sido Oficial Mayor de la Secretaria de Desarrollo Social del gobierno mexicano, cuyo titular de dicha Secretaría era Luis Donaldo Colosio.

Al ser postulado Colosio candidato a la Presidencia de México, designó a Sáenz como Secretario de Información y Propaganda de la Campaña, en la que operó como jefe de prensa.

Ha sido administrador en distintos campos de la empresa privada y pública, destacando su gestión en los campos de la industria minera y del sector Turismo. En estas se desempeñó, primero como Director de Administración de Minera de Cananea, Director General de Azufrera Panamericana, Director Técnico de la Comisión de Fomento Minero, Director de los proyectos Turísticos de Ixtapa y Cancún, ambos a cargo del gobierno federal mexicano.

Ha publicado artículos y ensayos de temas políticos en diversos medios, y escrito algunos libros especializados, entre otros La Presidencia Moderna, (Editorial. Taurus).

Ha sido condecorado por varios países por el desempeño de sus funciones dentro del gobierno federal mexicano.

Es Presidente y CEO de la empresa de consultoría y estudios de opinión pública, Gabinete de Comunicación Estratégica, una de las empresas líder en el país en estudios de opinión y de investigación social, ubicada en la Ciudad de México (www.gabinete.mx).

 

Efemérides y fortaleza nacional

El 2 de octubre es día importante en el calendario político nacional. Para algunos, la fuerza de esta fecha es menguante, representa un recuerdo lejano que remite al brío de la juventud y a los orígenes de un cambio en la forma de ejercer ciudadanía. Indudablemente nos referimos a un trágico acontecimiento que cimbró al país y generó un cambio para bien. Marcó principio del fin de una época y aniquiló la visión imperante del poder. Sin embargo, lo que se escribió no fue un punto y aparte sino una serie de suspensivos. Con certeza, el mejor desenlace de estos sucesos fue la reforma de Jesús Reyes Heroles que abrió cauce democrático al Partido Comunista Mexicano y a otras fuerzas políticas. También habría que conceder mérito a la izquierda que supo entender que su futuro estaba en las urnas y en la representación parlamentaria.

Los desaciertos han eclipsado la capacidad del país por apreciar los aciertos. La democracia electoral, con todos sus defectos y limitaciones, ha sido uno de los grandes logros de varias generaciones. Fue alcanzada, no por la vía de la ruptura, sino como resultado de avances continuos, y, por momentos, accidentados. Hablamos de cambios reveladores y correctivos que respondían a lo ocurrido y exigían ajustes institucionales.

La tragedia retornó. El asesinato de Luis Donaldo Colosio fue el colofón de un largo régimen que había perdido virtud y legitimidad y cuyo comienzo se remonta al asesinato de otro sonorense en camino a la Presidencia, Álvaro Obregón. La alternancia en la Presidencia no fue arreglo obsequioso o perverso de alguno sino un logro de la sociedad mexicana, al igual que, años antes, fue mérito de la pluralidad – incluidos gobierno y PRI -, la reforma que otorgó piso de equidad, confiabilidad a los órganos electorales y derechos políticos a los habitantes del Distrito Federal.

La democracia no se conmemora, ni tiene efeméride. No hay héroe, no hay evento emblemático ni fecha fundacional. Eso es bueno, mas no lo es la pérdida de aprecio por ese logro. Remitirnos al pasado y, particularmente al 2 de octubre de hace 47 años tendría que   servirnos para clarificar el horizonte, para valorar logros como el arribo de la democracia y para agilizar la agenda de atención a problemas graves y persistentes como la pobreza y desigualdad, heridas ambas que nos recuerdan la insuficiencia del cambio y que ahora se vuelven más profundas con la irrupción de la violencia y la inseguridad.

La memoria es fundamental para la conciencia nacional y también valioso recurso para apuntalar un proyecto nacional compartido. Frente a una tragedia que prevalece, con o sin efeméride, requerimos procurar más, mucho más, el orgullo por los episodios buenos y ejemplares del pasado, como en su momento lo intentaron don Daniel Cosío Villegas en su historiografía, al focalizar en la república restaurada la mejor generación de la política, o don Jesús Reyes Heroles cuando vio en el legado liberal mexicano el mejor camino para andar al futuro. Es la historia como didáctica para mejorar, transformar y edificar un porvenir digno y promisorio.

Insisto, 1994 simboliza el fin de la transición de un régimen y además cuenta el levantamiento zapatista en la zona más pobre de México. En perspectiva, virtuosa fue la corrección del gobierno al pasar de la iniciativa militar a la política. Sin embargo, es justo advertir que la erosión del régimen no solo obedeció al levantamiento indígena, también habría que considerar la violencia que se hizo evidente con la muerte del cardenal Posadas Ocampo y, poco después, la de José Francisco Ruiz Massieu, el hombre fuerte del gobierno por iniciar. El año 1994 cierra, asimismo, con la crisis financiera más severa de los últimos años, perniciosa para la economía de la gran mayoría de los mexicanos. La lección fue aprendida, cambiaron las reglas y, a partir de entonces, los mexicanos hemos vivido dos décadas de estabilidad económica, ajena a la crisis aunque con insuficiente crecimiento.

Debe preocupar -y mucho- el descrédito de la democracia y de sus instituciones fundamentales como el Congreso y los partidos, así como del proceso comicial, es contra natura. Es un problema de eficacia. Si la democracia no ofrece legitimidad y fortaleza es porque requiere demócratas y un piso de legalidad que no se desfonde, como ahora ocurre, desde la misma base social. Hoy, la contienda electoral no resuelve el conflicto; al contrario, es moneda de cambio, lo inicia y retroalimenta para que cada estación comicial, en lugar de ser una oportunidad para definir quién gobierna, sea ocasión para el cobro de afrentas.

En esta perspectiva adquiere relieve y dimensión la primera alternancia en la Presidencia de la República, inédita hasta hoy día, en el sentido de una normalidad en la que ganadores y perdedores reconocen el resultado. Fue un momento histórico relevante pero malogrado por la inexperiencia y la falta de visión de muchos, no solo en el gobierno, también en la oposición de entonces. La alternancia ingresó por la puerta grande y muy pronto salió por la ventana. El resultado fue el desencanto y su herencia: la pérdida del impulso reformador del régimen previo

Ni el gobierno dividido ni el poder competido dieron los resultados esperados. Todo se reduce, aún hoy, a un problema de gobernantes y opositores empoderados. En este sentido, es relevante que en los años recientes la pluralidad haya avanzado en transformaciones trascendentales; un proceso que se gestó con el acuerdo de los políticos, no a través del consenso social, de allí la distancia que media entre las reformas y el ascendiente ciudadano. Sin embargo, las reformas son genuinas y toca a autoridades y legisladores llevarlas al taller de la realidad. En esta etapa el ciudadano es espectador.

Un nuevo régimen se perfila en el futuro. Será una transición del gobierno dividido al poder compartido, donde la competencia se resolverá por la vía de la coalición, la oposición fragmentada y las candidaturas de independientes. La fragmentación se reflejará, muy probablemente, en gobiernos electos con escasa votación y, eventualmente, en déficit de legitimidad. Como en el pasado, será el ejercicio del poder, y no el voto, la fuente de legitimidad. La polarización preocupa, mucho más cuando en lugar de ser expresión de las diferencias propias de una sociedad diversa y plural, se convierte en calculada estrategia para ganar el poder.

Casi medio siglo después del 68, el país se encamina, eso espero, hacia una etapa culminante en los procesos de construcción de democracia y de lucha civilizada por el poder a través del voto.

El valor del diálogo

Este jueves 24 de septiembre, el Presidente Peña Nieto recibió por segunda ocasión a los padres de los estudiantes desaparecidos en los hechos trágicos de Iguala hace un año. El Presidente se hizo acompañar de destacados funcionarios de su gobierno. También asistieron el grupo interdisciplinario de especialistas de la CIDH, abogados, y representantes de los familiares y organizaciones civiles involucradas en el caso.

Frente al escepticismo de muchos y a las expresiones hostiles de los voceros de los padres –con o sin mandato-, el encuentro tuvo resultados positivos; el hecho es en sí mismo un logro. Las exigencias de los familiares son atendibles y el gobierno acreditó voluntad para avanzar en todos los temas, especialmente en el que debe ser objetivo común: el encuentro de la verdad como base para la justicia.

La reunión, no cabe duda, debió haber sido difícil para todos. El dolor que invade a los familiares de los desaparecidos se intensifica a un año de la tragedia por la falta de una versión concluyente sobre lo ocurrido y, consecuentemente, sobre el destino de los jóvenes. Lamentablemente, los padres y sus asesores, al tiempo que demandan el esclarecimiento, también son parte de un activismo político que busca elevar el problema y trasladarlo a objetivos que son ajenos a la justicia.

Los padres y familiares de los normalistas tienen derecho al dolor y también a suscribir causa política, pero los dos planos deben diferenciarse, lo que no ha ocurrido. Es claro que a quienes influyen en ellos o quizás por convicción propia, les ha resultado más funcional el reclamo al gobierno federal, que la exigencia de justicia a las autoridades municipales y locales. Así, por ejemplo, demandan someter a proceso penal a las autoridades federales, en lugar de demandar que todos los responsables materiales e intelectuales sean sancionados. Politizar el caso les podría restar fuerza moral para demandar la justicia que les corresponde.

Frente a la actitud rijosa y pendenciera de los voceros y asesores de los familiares de las víctimas se ha impuesto la disposición por parte de las autoridades. No es una dialogo entre sordos, al menos no lo es por parte del gobierno como puede advertirse en su respuesta. La reacción de la contraparte se explica por la ausencia de una verdad indisputada por las autoridades y los especialistas coadyuvantes. Esto puede superarse y es uno de los compromisos que se desprenden de la reunión. También queda claro que frente a una actitud militante y doctrinaria, la verdad pierde fuerza porque el objetivo es desvirtuado.

Una de las respuestas más importantes del gobierno fue la instrucción presidencial para crear una fiscalía especial para los desaparecidos, incluyendo, desde luego, a los normalistas de Ayotzinapa. La decisión es relevante porque el problema de los desaparecidos trasciende, lamentablemente por mucho,  los hechos trágicos de Iguala. Son decenas de miles los desaparecidos y era necesario que el gobierno de la República diera respuesta institucional al tema en su conjunto. Quizás para los voceros de los familiares de los normalistas desaparecidos, la respuesta es insatisfactoria e incluso elusiva pero para  aquellos que viven el horror de la incertidumbre sobre la suerte de un ser querido, la expectativa es alentadora.

Es lamentable que los asesores y representantes de los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa no reconozcan que la creación de esa fiscalía es un logro histórico de su movimiento. Se trata nada menos que de contar con una política pública y una  definición institucional para dar cuenta de los desaparecidos. Lo deseable para esta fiscalía o instancia sería contar con una base legislativa que permitiera definir con carácter permanente la acción gubernamental para enfrentar de manera responsable y oportuna el problema de los desaparecidos de todos los tiempos.

Las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos también deberían sumarse para que esta iniciativa del gobierno atienda una de las exigencias de mayor peso en materia de derechos humanos que obliga a una política de Estado para dar cuenta sobre la tragedia de los desaparecidos; situación que no ha cambiado, toda vez que su origen está en la manera como el crimen organizado asociado al narcotráfico resuelve sus disputas entre grupos criminales y la lucha por territorios, como quedó acreditado en Iguala, con el descubrimiento de numerosas tumbas clandestinas.

Es innegable que  el país gana con un gobierno que escucha, que dialoga y que propone; cierto es que la indignación persiste y que, para el caso concreto de Iguala, es necesario tener claridad sobre los hechos y el destino de los jóvenes desaparecidos. Ahí radica el valor del grupo interdisciplinario de la CIDH, pues lo que digan las autoridades difícilmente tendrá la aceptación de los padres de las víctimas, pero no sucederá así con el informe de los especialistas extranjeros. De esta forma es posible alcanzar, o al menos intentarlo, una verdad compartida sobre los acontecimientos, con todas las dificultades que esto entraña por el paso del tiempo y por el probable manejo inadecuado de pruebas. La intervención de la CIDH también puede ser decisiva para alejar la amañada e interesada versión propalada por los grupos radicales en el sentido de que la responsabilidad directa del crimen apunta a las instituciones del Estado mexicano.

El valor del diálogo se acredita con los hechos, pues así como compromete, también construye; es base para crear confianza y para sumar voluntades, así como para dar un curso civilizado a las demandas y exigencias de justicia. Es inevitable que en temas como el de los desaparecidos, el reclamo adquiera prominencia, incluso que haya exigencias desmedidas en la forma y en el fondo. También es importante que las autoridades mantengan temple y claridad de los objetivos. Aunque seguramente  incomoda la incomprensión de la contraparte, lo relevante es hacer lo debido y esto es lo más rescatable del segundo encuentro del Presidente de la República con los familiares de las víctimas de Iguala.

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