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Liébano Sáenz

Liébano Sáenz

Muqaddima

Muqaddima

El onceavo reto de Mark Zuckerberg nos lleva en esta ocasión a revisar una de las grandes obras de la historia: Muqaddima de Ibn Jaldún (1332-1406) quien fuera una de las figuras más importantes del pensamiento clásico del Islam.

La revisión histórica que muchas culturas ha hecho a lo largo del tiempo ha originado la escritura de una historia universal con eje en su propia cosmovisión. El carácter universal del conocimiento tratado en Muqaddimatiene como antecedente la Historia Natural de Plinio y las Etimologías de Isidoro, y como continuación, todas las historias generales de los pueblos hasta la Enciclopedia misma. La obra que aquí reseñamos no es posible concebirla fuera del poder político que para el siglo de su composición (XIV) goza el Islam en Europa.

Ibn Jaldún busca presentar una historia de la historia de una manera didáctica, para explicar a sus lectores cómo leer el pasado, cómo juzgar los procesos y sucesos históricos, el sentido del progreso y la decadencia de las civilizaciones, cómo valorar a una cultura a partir de sus elementos fundacionales y los hechos que ella genera, entre otros. Su escritura de la historia se expone con detalle y agudeza, de tal suerte que la obra ha sido vista como precursora de la teoría social contemporánea, e incluso con fuertes afinidades intelectuales con los pensadores más prominentes del Siglo de las Luces y los pensadores decimonónicos.

Es fama que los árabes, tras entregarse al estudio del griego y del latín, conocieron profundamente la obra escrita de ambas culturas y de ellas recibieron las disciplinas filosóficas y retóricas, como queda de manifiesto a lo largo de Muqaddima, donde se cita lo mismo a Aristóteles que a Galeno. Aún más, textos como éste eran muchas veces la única fuente para Occidente de los entonces perdidos autores griegos, entre ellos Aristóteles.

Muqaddima, según se dice, equivale a entender Prolegómenos, es decir, lo que introduce. Se supone que este texto abría uno de mayores proporciones; sin embargo, el Muqaddima tiene unidad en sí mismo como compendio.

En cuanto a la distribución de la obra, su autor la dividió en seis partes o libros. El primero trata sobre la historia: qué es, cuáles son sus métodos, qué estudia, cuáles son los problemas en su investigación, y subraya la importancia de cultivar su estudio ya que muchos pueblos la han considerado no sólo fuente de placer, sino de consejo. En este capítulo también incluye el tema del espacio en que se desarrolla el ser humano, es decir, el ámbito geográfico, donde describe las regiones de la tierra, y lo inherente de sus peculiaridades físicas y humanas. Ibn Jaldún se ocupa en tres apartados de examinar la influencia física y psíquica del clima y los recursos naturales y nutritivos, atribuciones que para el autor son determinantes. La geografía climática lo invita a reflexionar sobre el carácter de los pueblos, igual que cientos de años después lo haría Montesquieu. En la última sección de ese primer capítulo examina el caso de las personas excepcionales “que alcanzan el conocimiento de lo oculto, bien por disposición natural o por ejercicio iniciático”. De estas personas excepcionales los profetas son los más importantes, ya que si bien en la historia existe un andamiaje de determinaciones inexorables, el profeta es el único que, por gracia de Dios, esquiva a esas determinaciones. De ahí que la influencia y la revelación que comparten, puede cambiar la historia. El caso más paradigmático de ello es, por supuesto, el profeta Mahoma.

El segundo libro examina la primera forma de organización humana, la civilización nómada. En el siguiente estudia cómo ese grupo nómada deviene en un grupo de poder, que conquista a otros pueblos sedentarios o civilizaciones urbanas. El cuarto libro, quizá uno de los más interesantes por sus aportaciones, trata sobre la creciente complejidad de la civilización urbana y sus problemas sociales. Allí analiza temas de economía que nadie había tratado antes ni en Occidente, ni en el Islam: el origen del enriquecimiento y la decadencia, alzas y bajas de precios, el desarrollo de obras públicas, las características sociales que van aparejadas con el auge económico, entre otras. El libro quinto versa sobre los oficios y la diferenciación social que surgen con el desarrollo de la civilización urbana y su relación con lo económico. Por último, en el sexto libro, con el que cierra la obra, examina el origen del conocimiento y el sentido de las distintas ciencias, tanto “racionales”, metafísica, lógica y astronomía, como “tradicionales”, medicina, ingeniería y enseñanza. Incluye, asimismo, una refutación sobre la astrología, la alquimia y la filosofía, las cuales considera son peligrosas ya que pueden apartar a los hombres de la verdad y la religión. La obra termina con observaciones lingüísticas relativas a la lengua y la poesía árabes. Podemos decir, contundentemente, que el saber vertido en la obra es enciclopédico.

La obra de Ibn Jaldún es un continuum de sobria belleza, no aspira a ser original en lo que dice, sino que está interesado en transmitir la experiencia de lo “verdadero”. En vez de decir “guerra” y “cultura”, dice “la espada” y “la pluma”, la primera correspondiendo más a establecer el poder de una dinastía, la segunda a contenerlo. En vez de decir que la música afecta el ánimo del hombre, dice que “lo invade cierta embriaguez que lo impele a crear luz de las dificultades”. Define la poesía como “una copa prohibida, pero sólo a aquellos que ignoran cómo beberla.” Cuenta que “un poeta llegó a la guerra, se adelantó a las líneas de batalla y cantó. Su música fue tal que pudo mover montañas bien cimentadas y así consiguió infundir en los guerreros el deseo de buscar la muerte, incluso en aquellos en quienes no estaban.” Tan propenso a las fábulas, el árabe se vale de ellas hasta en los tratados técnicos.

Quien quisiera averiguar acerca del método de este texto, atienda: “La instrucción científica es un oficio. Esto es porque la habilidad en una ciencia, el conocimiento de sus diversos aspectos, y la maestría son el resultado de un hábito que capacita a su posesor de entender todos los principios básicos de esta ciencia particular, de percatarse de sus problemas y de deducir sus detalles desde sus principios. En tanto esos hábitos no hayan sido adquiridos, la habilidad en una disciplina no aparecerá. El hábito es diferente del entendimiento y conocimiento de memoria. El entendimiento de un solo problema en una sola disciplina lo mismo puede ser encontrado en el versado de esa disciplina en particular que un principiante, en el hombre común que no tiene conocimiento científico en particular y en el docto erudito. El hábito, por otra parte, pertenece única y exclusivamente al erudito o persona avezada en las disciplinas científicas. Esto muestra que el hábito es diferente del entendimiento.”

La lectura de Muqaddima de Ibn Jaldún sigue produciendo interés entre quienes le leen por primera vez, no sólo en Occidente, sino también entre los árabes y todos aquellos que ven en él al precursor de varias historias universales. Es, de hecho, uno de los autores árabes clásicos cuya obra es más leída, estudiada y comentada a lo largo del Islam. Con beneplácito podemos leer que en esta obra el hábito del saber fue legado a la posteridad como una posesión universal y permanente.

a juvenil y el crimen, para mostrar con su estudio la enorme fisura social que existe en las comunidades estadunidenses.

El nuevo Jim Crow

El nuevo Jim Crow

Michelle Alexander nos muestra, en la décima propuesta del reto de Mark Zuckerberg The new Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness, que siguen siendo vigentes las grandes divisiones raciales, generando amplios costos sociales en las políticas de justicia de los Estados Unidos. La abogada y defensora de los derechos humanos expone el sinuoso camino por el cual la propaganda envuelve a la discriminación y las políticas racistas encubiertas trastocan el ideal de la justicia del sueño de vida americano.

El objetivo de este texto es explícito: demostrar que los Estados Unidos –ciudadanos y gobierno- se equivocan al creer que la discriminación racial o un daltonismo cómodo específicamente contra los negros, es cosa del pasado.

La discriminación racial sistémica en Estados Unidos es, en opinión de Alexander, una vuelta muy comparable con las leyes segregacionistas de Jim Crow, promovidas desde la segunda mitad del siglo XIX, que sistematizaban un número de desventajas económicas, educativas y sociales para la población afroamericana. Concretamente, el libro busca difundir información que permita eliminar la encarcelación masiva contra las comunidades de negros.

Este libro no es para todos. La autora expresa haberlo escrito para aquellos a quienes “les importa profundamente la justicia racial pero no tienen idea de la magnitud de la crisis enfrentada por las comunidades de color como resultado de la encarcelación masiva”.

La información que proporciona Alexander se da en dos direcciones: testimonial y estadística. Como muestra de la primera podemos ver que Jarvious Cotton no puede votar. Su historia se convertiría en el inicio mismo de la madeja de este libro. El árbol familiar de los Cotton cuenta la historia de varias generaciones de hombres negros que aunque nacieron en Estados Unidos les fue negada la más básica de las libertades que promete la democracia: la libertad para votar por aquellos que harán las reglas y leyes que gobernarán la vida de cada uno.

El tatarabuelo Cotton no pudo votar en tanto era esclavo; su nieto fue asesinado a golpes por el Ku Klux Klan por intentar votar, al padre de Jarvious le fue impedido votar por impuestos y por no cumplir con las pruebas de escolaridad. Hoy, Jarvious Cotton no puede votar porque, como tantos otros hombres negros en Estados Unidos, ha sido etiquetado como delincuente y, actualmente, está en libertad bajo palabra.

Casos como el anterior llevan a la autora a criticar la democracia estadunidense: indica que desde los mismos padres fundadores hasta el presente existe la intención de segregar a los negros de la ciudadanía.

La joven profesora de la Universidad Estatal de Ohio defiende el punto de que el racismo ha mudado de modalidad: en la actualidad no se segrega por el color de piel en general, sino que el sistema judicial estadunidense se encarga de producir estereotipos donde el negro es un criminal y, por lo tanto, la segregación queda validada por la justicia.

Como resultado, el negro que es etiquetado como criminal, a su vez, es discriminado de las mismas formas en que antes se discriminaba a un negro por el simple hecho de serlo: discriminación laboral, hogareña, prohibición de votar, exclusión de servir como jurado, impedimento de conseguir ciertos alimentos o bienes, entre otras muchas restricciones como ciudadanos.

Hay estadunidenses que dicen que la guerra contra las drogas (War on Drugs) en Estados Unidos es una justificación para poner a los negros “en su lugar”, es decir, en prisión. A pesar de que esta idea suena exagerada, la autora hace las siguientes anotaciones:

La versión oficial dice que la guerra contra las drogas inició a raíz de la difusión mediática de la crisis “crack-cocaine” en los 80. El entonces presidente Ronald Reagan decretó esta guerra contra las drogas en 1982. El gabinete de Reagan contrató publicistas que se concentraron en popularizar este tema para ganar simpatías por la causa de esta guerra. Así, los medios fueron inundados de los estereotipos de la prostituta, el desempleado e incluso del bebé adicto al crack, pero todos ellos eran invariablemente negros. Se llegó a decir que la misma Agencia Central de Inteligencia (CIA) distribuía la droga en los vecindarios pobres para exterminar a los negros.

En 1998, la CIA reconoció que bloqueó investigaciones sobre redes ilegales de venta de droga provenientes de Nicaragua, cuyos destinatarios eran comunidades negras de escasos recursos. Lo cual equivale a decir que la agencia colaboró en la destrucción de las comunidades negras al obviar el paso ilegal de las drogas. Sin embargo, la CIA no asume las responsabilidades derivadas de estas acciones.

Para nuestra autora el impacto de la guerra contra las drogas ha sido sobrecogedor, sobre todo porque, en menos de 30 años, la población de los penales de Estados Unidos aumentó de 300 mil a más de 2 millones, de los cuales la mayoría están en prisión por delitos contra la salud y tráfico de drogas. Como resultado, actualmente, Estados Unidos tiene el mayor índice de encarcelación en el mundo. Ningún otro país encarcela un porcentaje tan alto de su población negra, ni Sudáfrica en lo más álgido del apartheid.

La autora argumenta que este porcentaje de encarcelamiento de negros no puede ser explicado con relación al mercado de las drogas, pues se ha demostrado que personas de todos los orígenes raciales usan, consumen y venden drogas.

El resultado de semejante cantidad de negros con antecedentes penales es la discriminación que sufrirán una vez libres, pues el estigma de ser criminales difícilmente podrá ser superado.

Alexander considera que el hecho de que el presidente Obama haya llegado al poder no es algo positivo para resolver esta problemática, pues la población más afectada por el sistema de justicia –los negros- puede ser susceptible de un engaño poderoso; el que un negro habite la Casa Blanca no significa que el problema racial ha acabado.

En la gran mayoría de sus discursos, Obama pretende incluir negros, estudiantes, militares, migrantes, amas de casa, intelectuales, jóvenes y viejos en una estrategia con miras interraciales e intersociales y cuya apariencia de homogeneidad y proximidad minimiza los problemas estructurales del racismo y el clasismo.

En opinión de Alexander, se ha exagerado la importancia que tienen individuos exitosos dentro de las estructuras de poder y, por lo tanto, se ha demeritado el llamado a una completa restructuración de la sociedad estadunidense. Ahora, parece que el problema debe ser resuelto por los tribunales de justicia, en la casuística, o por el Presidente. Pero Obama, por sí sólo, no es suficiente. Entonces ¿Quién debe actuar en contra del sistema de justicia y del racismo actual? La comunidad negra, en tanto grupo, responde la autora.

Ahora, en Estados Unidos, hay una forma más eficiente de discriminación: el sistema penitenciario, que es una forma única de control social. La cárcel ha reemplazado a la esclavitud y a las leyes de Jim Crow. Así el libro El nuevo Jim Crow es un alerta decidida para el sueño insensible de los pobres, desposeídos y marginados.

Peter Huber: “La venganza de Orwell”, 1984

Peter Huber: “La venganza de Orwell”, 1984

Nuestra época, deudora de la especialización, ha privilegiado los moldes rígidos para la literatura: ficción y no-ficción; novela, cuento, poema o ensayo, y ya brotan nuevas clasificaciones en la delirante cultura de hoy, con lo cual tenemos finalmente, como resultado de tales ingredientes, la emergencia de un lector domesticado para el consumo.

El libro que nos ocupa, publicado en 1994 y que constituye el noveno título del reto que Mark Zuckerberg propusiera a principios de este año, provoca el escándalo de las formas bien definidas, pues todo él es un centauro que alterna géneros distintos de escritura. Pero la provocación no acaba en la forma, pues la idea central de este libro se resume básicamente así: Orwell estaba equivocado; su propuesta en 1984 está mal construida desde la raíz. ¿En qué se equivocó?: en sus temores respecto del progreso tecnológico como comparsa del totalitarismo, afirma Huber. Para demostrar este punto, el autor confecciona un texto que alterna la ficción y la no-ficción o, para decirlo con más precisión, la novela y el ensayo. Gran conocedor de Orwell, Huber se ha valido no sólo de una lectura metódica de su obra sino de técnicas computarizadas que la lingüística puso de moda hace unas décadas, tales como la estadística de la frecuencia de determinadas palabras. Así, el autor nos descubre que la palabra clave de más frecuencia en 1984 es “pantalla” (“telescreen” o “screen”) con 119 apariciones, incluso más que “Gran Hermano” con 74. Recordemos que en 1984 esta pantalla habita en todos los cuartos y talleres, permanece prendida todo el tiempo, transmitiendo y recibiendo imágenes a la vez: propaganda y espionaje se unifican en un aparato que cualquier miembro que no forman parte de la cúpula dirigente, no puede apagar y desde la cual el Gran Hermano observa.

Mucho le desagrada a Huber la idea de la pantalla de Orwell, dotada de ubicuidad y que materializa al espía tecnológico que hace posible el control absoluto del Gran Hermano.

Considera que esta idea se ha visto desmentida tras la muerte del también autor de La rebelión en la granja, quien carecía de conocimientos tecnológicos precisos y para quien toda tecnología, desde la radio hasta el cine, terminaría por convertir a los humanos en seres irracionales, para decir con Orwell mismo, “mentes embotelladas”. Huber lamenta que Orwell no sea claro respecto del funcionamiento puntual de su pantalla, ni de cómo se conecta o cómo se selecciona la vigilancia.

En mi opinión 1984 no pretendió ser una proyección científicamente avalada –empresa por demás imposible– de nuestras sociedades en el futuro. Es, ante todo, literatura: el arte contiene intuiciones, nunca explicaciones. ¿Qué significa, sin embargo, que desde su aparición se le haya considerado como profecía? Parece ante todo un fenómeno sintomático del nivel de reconocimiento que los lectores han podido experimentar en su entorno social como miembros del gran aparato moderno que es el Estado.

Huber apunta que logísticamente sería inverosímil un nivel de control semejante al del Gran Hermano en nuestras sociedades modernas, sencillamente por la cantidad de personas que habitan un país. A decir verdad, puede que tenga razón, pero no por eso hace desaparecer el problema de fondo: la tecnología como modulador de ideología o como abierta herramienta de espionaje, control y castigo.

En este sentido algunos críticos han señalado con preocupación la creación de cédulas de identidad ciudadana basadas en la recopilación de datos escaneados del iris de los ojos. De esta forma la recopilación de datos biométricos a gran escala es otra modalidad de dispositivos informáticos y de vigilancia tecnológica inteligentes en constante evolución, que están programados para la identificación, monitoreo y seguimiento de bancos de información. Sin embargo su funcionamiento se ha visto detenido en buena medida por la oposición ciudadana y es un caso que merecería mayor reflexión. En efecto, si la tecnología (o tecnociencia como quieren algunos) no se ha convertido aún en la injerencia abierta y brutal del poder, ha sido por los límites políticos, como lo reconoce el mismo Huber: “A medida que la maquinaria gubernamental crece, sus fines se tornan menos rígidos… Significa que en los países en los que ya existe una fuerte tradición liberal arraigada, la tiranía burocrática tal vez nunca pueda completarse.”

En el siglo XXI y en Occidente ya no tenemos la “tiranía burocrática” a la antigua, donde uno se encuentra constantemente vigilado y tiene que acatar al pie de la letra la orden superior; el poder ha devenido algo más sutil y engañoso: nos provee de un imaginario de la libertad de elección a la vez que delimita al deseo.

No pasemos por alto que Mark Zuckerberg recomendó el libro de Huber. La asociación es demasiado obvia como para ignorarla. La tesis de Huber es: tecnología no es igual a vigilancia. Facebook es discutiblemente el dispositivo tecnológico de mayor alcance y prestigio en la actualidad. Por lo tanto, Facebook no es igual a vigilancia. ¿Por qué entonces cinco países como Francia, Bélgica, Alemania, Holanda y España iniciaron a principios de 2015, bajo el auspicio de la Comisión Nacional de Informática y Libertades francesa, una investigación en su contra sobre irregularidades en el manejo y protección de datos personales? En una iniciativa similar, Google fue sancionado por “vulnerar gravemente los derechos de los ciudadanos” y se le impuso una multa de un millón 23 mil dólares. Y en Europa, desde 2014 los buscadores como Google tienen la obligación de eliminar de sus listas de resultados aquellos enlaces que violen ciertos derechos de un ciudadano, a petición de éste, debido a una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Muchas veces le ha correspondido a la literatura develarnos aspectos de nosotros y la sociedad que habitamos y que permanecen como puntos ciegos para el análisis.

No busquemos en 1984 una radiografía de nuestros tiempos, pero sí una profunda intuición de la omnipresencia del poder con la que sueñan algunos Estados modernos. El subtítulo del libro de Huber es la palabra griega “palimpsesto”, de donde entendemos la invitación a borrar, deshacernos, sobreescribir la distopía orwelliana. Así, borrada la memoria de 1984, hemos de escuchar la propuesta de Huber que viene a ser algo como una denegación bastante elaborada. ¿Los palimpsestos no fueron siempre denegaciones?

La relectura de Huber sobre Orwell es una clara muestra del pensamiento posmoderno que se preocupa más por las formas que por el fondo, anclado más en el prejuicio que en el juicio, en lo inmediato que en lo trascendente. Las redes sociales tienen todavía mucho que demostrar sobre sus bondades. Finalmente entre orwelianos te veas la duda permanente del poder y el control sobre la sociedad de información o es una utopía o una espada de Damocles. He allí la verdadera venganza de Orwell.

Peter Huber: “La venganza de Orwell”, 1984

Peter Huber: “La venganza de Orwell”, 1984

Nuestra época, deudora de la especialización, ha privilegiado los moldes rígidos para la literatura: ficción y no-ficción; novela, cuento, poema o ensayo, y ya brotan nuevas clasificaciones en la delirante cultura de hoy, con lo cual tenemos finalmente, como resultado de tales ingredientes, la emergencia de un lector domesticado para el consumo.

El libro que nos ocupa, publicado en 1994 y que constituye el noveno título del reto que Mark Zuckerberg propusiera a principios de este año, provoca el escándalo de las formas bien definidas, pues todo él es un centauro que alterna géneros distintos de escritura. Pero la provocación no acaba en la forma, pues la idea central de este libro se resume básicamente así: Orwell estaba equivocado; su propuesta en 1984 está mal construida desde la raíz. ¿En qué se equivocó?: en sus temores respecto del progreso tecnológico como comparsa del totalitarismo, afirma Huber. Para demostrar este punto, el autor confecciona un texto que alterna la ficción y la no-ficción o, para decirlo con más precisión, la novela y el ensayo. Gran conocedor de Orwell, Huber se ha valido no sólo de una lectura metódica de su obra sino de técnicas computarizadas que la lingüística puso de moda hace unas décadas, tales como la estadística de la frecuencia de determinadas palabras. Así, el autor nos descubre que la palabra clave de más frecuencia en 1984 es “pantalla” (“telescreen” o “screen”) con 119 apariciones, incluso más que “Gran Hermano” con 74. Recordemos que en 1984 esta pantalla habita en todos los cuartos y talleres, permanece prendida todo el tiempo, transmitiendo y recibiendo imágenes a la vez: propaganda y espionaje se unifican en un aparato que cualquier miembro que no forman parte de la cúpula dirigente, no puede apagar y desde la cual el Gran Hermano observa.

Mucho le desagrada a Huber la idea de la pantalla de Orwell, dotada de ubicuidad y que materializa al espía tecnológico que hace posible el control absoluto del Gran Hermano.

Considera que esta idea se ha visto desmentida tras la muerte del también autor de La rebelión en la granja, quien carecía de conocimientos tecnológicos precisos y para quien toda tecnología, desde la radio hasta el cine, terminaría por convertir a los humanos en seres irracionales, para decir con Orwell mismo, “mentes embotelladas”. Huber lamenta que Orwell no sea claro respecto del funcionamiento puntual de su pantalla, ni de cómo se conecta o cómo se selecciona la vigilancia.

En mi opinión 1984 no pretendió ser una proyección científicamente avalada –empresa por demás imposible– de nuestras sociedades en el futuro. Es, ante todo, literatura: el arte contiene intuiciones, nunca explicaciones. ¿Qué significa, sin embargo, que desde su aparición se le haya considerado como profecía? Parece ante todo un fenómeno sintomático del nivel de reconocimiento que los lectores han podido experimentar en su entorno social como miembros del gran aparato moderno que es el Estado.

Huber apunta que logísticamente sería inverosímil un nivel de control semejante al del Gran Hermano en nuestras sociedades modernas, sencillamente por la cantidad de personas que habitan un país. A decir verdad, puede que tenga razón, pero no por eso hace desaparecer el problema de fondo: la tecnología como modulador de ideología o como abierta herramienta de espionaje, control y castigo.

En este sentido algunos críticos han señalado con preocupación la creación de cédulas de identidad ciudadana basadas en la recopilación de datos escaneados del iris de los ojos. De esta forma la recopilación de datos biométricos a gran escala es otra modalidad de dispositivos informáticos y de vigilancia tecnológica inteligentes en constante evolución, que están programados para la identificación, monitoreo y seguimiento de bancos de información. Sin embargo su funcionamiento se ha visto detenido en buena medida por la oposición ciudadana y es un caso que merecería mayor reflexión. En efecto, si la tecnología (o tecnociencia como quieren algunos) no se ha convertido aún en la injerencia abierta y brutal del poder, ha sido por los límites políticos, como lo reconoce el mismo Huber: “A medida que la maquinaria gubernamental crece, sus fines se tornan menos rígidos… Significa que en los países en los que ya existe una fuerte tradición liberal arraigada, la tiranía burocrática tal vez nunca pueda completarse.”

En el siglo XXI y en Occidente ya no tenemos la “tiranía burocrática” a la antigua, donde uno se encuentra constantemente vigilado y tiene que acatar al pie de la letra la orden superior; el poder ha devenido algo más sutil y engañoso: nos provee de un imaginario de la libertad de elección a la vez que delimita al deseo.

No pasemos por alto que Mark Zuckerberg recomendó el libro de Huber. La asociación es demasiado obvia como para ignorarla. La tesis de Huber es: tecnología no es igual a vigilancia. Facebook es discutiblemente el dispositivo tecnológico de mayor alcance y prestigio en la actualidad. Por lo tanto, Facebook no es igual a vigilancia. ¿Por qué entonces cinco países como Francia, Bélgica, Alemania, Holanda y España iniciaron a principios de 2015, bajo el auspicio de la Comisión Nacional de Informática y Libertades francesa, una investigación en su contra sobre irregularidades en el manejo y protección de datos personales? En una iniciativa similar, Google fue sancionado por “vulnerar gravemente los derechos de los ciudadanos” y se le impuso una multa de un millón 23 mil dólares. Y en Europa, desde 2014 los buscadores como Google tienen la obligación de eliminar de sus listas de resultados aquellos enlaces que violen ciertos derechos de un ciudadano, a petición de éste, debido a una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Muchas veces le ha correspondido a la literatura develarnos aspectos de nosotros y la sociedad que habitamos y que permanecen como puntos ciegos para el análisis.

No busquemos en 1984 una radiografía de nuestros tiempos, pero sí una profunda intuición de la omnipresencia del poder con la que sueñan algunos Estados modernos. El subtítulo del libro de Huber es la palabra griega “palimpsesto”, de donde entendemos la invitación a borrar, deshacernos, sobreescribir la distopía orwelliana. Así, borrada la memoria de 1984, hemos de escuchar la propuesta de Huber que viene a ser algo como una denegación bastante elaborada. ¿Los palimpsestos no fueron siempre denegaciones?

La relectura de Huber sobre Orwell es una clara muestra del pensamiento posmoderno que se preocupa más por las formas que por el fondo, anclado más en el prejuicio que en el juicio, en lo inmediato que en lo trascendente. Las redes sociales tienen todavía mucho que demostrar sobre sus bondades. Finalmente entre orwelianos te veas la duda permanente del poder y el control sobre la sociedad de información o es una utopía o una espada de Damocles. He allí la verdadera venganza de Orwell.

 

Michael Suk-Young Chwe: “Ritual racional”

Michael Suk-Young Chwe: “Ritual racional”

Mark Zuckerberg nos sugiere, en la séptima propuesta de su reto, la lectura y discusión del libro Ritual racional: cultura, coordinación y conocimiento social, del estadounidense y profesor de ciencias políticas en la UCLA, Michael Suk-Young Chwe.

Como se sabe, las teorías económicas neoclásicas no pueden explicar ciertos fenómenos. Por ejemplo, desde un enfoque racional, donde los seres humanos buscamos maximizar nuestra riqueza, prácticas como el altruismo no tienen sentido. Lo mismo sucede con los rituales. Por ello, el libro de Chwe adquiere relevancia, pues se convierte en un intento de la economía por demostrar que los rituales también forman parte del mundo racional.

De otra manera, la pregunta principal del libro es: ¿Los rituales son racionales? ¿Es racional velar y enterrar a nuestros muertos? ¿Se puede racionalizar el duelo? ¿Es racional simbolizar el cambio de poder con una banda presidencial que, al fin y al cabo, sólo es un trozo de tela?

Para responder todas estas preguntas, Michael Chwe sugiere, en su libro, una nueva reflexión de las ciencias sociales sobre las tradiciones, costumbres y ritos en los que nos hemos ido formando, desde aquellos en que se fundamentan las sociedades hasta esos otros que hoy dominan al mundo.

De tal suerte que Chwe analiza al Internet, los anuncios comerciales que destacan en eventos como el Super Bowl, las ceremonias políticas que establecen la autoridad, las declaraciones públicas de la clase política y sus consecuencias y todo aquello que “ya se sabe”, por que la reiteración es el signo que enmarca el conocimiento común o social.

Para Chwe, el ritual es primordialmente una conducta social repetida. Así, por ejemplo, cada seis años, en México, sabemos que el presidente electo asistirá al Congreso a recibir la banda presidencial, con lo que se coronará, metafóricamente, un proceso político democrático. Cada seis años sucede lo mismo, cada seis años se repite el ritual.

Pero ¿cómo llega Chwe a esta conclusión? El autor recurre a la visión más clásica de la igualdad de grupo, a partir de la teoría del juego o de la cooperación. Recordemos que, según esta teoría, aderezada por John Nash, quien ganó el Premio Nobel de Economía en 1994, la repetición constante de un juego reduce el factor de incertidumbre. Además, permite predecir cómo actuarán diversos actores en un intercambio de cualquier índole. Predecir cómo se comportarán los individuos en una situación determinada, según la teoría de juegos, es la base del conocimiento. En este sentido, para Chwe, el ritual adopta la forma de un “juego”. Es decir, el ritual se convierte en una conducta social que, al ser repetida, reduce la incertidumbre.

Como se puede observar, el ritual cumple una función fundamental en cualquier esquema económico, pues reducir la incertidumbre es una de las metas principales del mundo actual ya que con ello se disminuyen los costos de transacción. Por ejemplo, para invertir en un país determinado, se necesita contar con reglas claras, leyes precisas, que reduzcan el riesgo. Los inversionistas buscan aquellos países que tienen mayor certeza y, por ende, menor riesgo.

El Super Bowl es un ritual que afecta directamente a la economía global. Éste es el principal aporte de Chwe, pues, siguiendo su argumento, los rituales deben ser incluidos en cualquier análisis económico. Pero Chwe nos permite ir más allá pues comprueba que los rituales son un elemento cultural que afecta al mercado. Así, cultura y economía puede entenderse como un todo.

Los primeros capítulos del libro están dedicados al análisis del conocimiento social y a la relación que éste tiene ante el intercambio de información. El conocimiento trasciende sólo si varios seres humanos comparten una determinada información, son concientes del hecho de que la comparten, y de ahí se establece un lenguaje común y por tanto conocimiento.

El principal interés de Chwe es hacer explícitos algunos procesos que se utilizan para la generación del conocimiento de la comunidad, sobre todo en las acciones sociales y la comunicación de masas. Así analiza una serie de rituales de diferentes sociedades a través del tiempo, y muestra que las ceremonias públicas son poderosas no sólo porque transmiten el significado de una fuente central a cada miembro de la comunidad, sino porque permiten a los miembros del grupo saber lo que otros saben.

En el conocimiento social la divulgación general de un elemento en la vida cotidiana asegura su aprehensión por parte de todos los miembros y la repetición de éste, convertido en ritual, es otra manera de confirmar la estabilidad sobre las percepciones de los demás y del mundo.

No es casual que una gran cantidad de rituales tienen lugar en condiciones donde los asistentes pueden tener el mismo contacto visual. Este sistema establece la percepción común. Tales contactos visuales pueden ser ejemplificados en la actualidad en la forma en que se presentan conciertos, los grandes espectáculos, los medios masivos de comunicación, las ceremonias religiosas y políticas, que están sometidos al ejercicio del poder.

Chwe inquiere, en sus conclusiones, sobre la naturaleza de las limitaciones que afectan a los agentes que participan en la elección racional. Su enfoque llama la atención sobre la existencia de dos tipos de racionalidad: la primera, que funciona a nivel de la sociedad en la construcción de conocimiento común y se realiza a través de la acción de los seres humanos, pero no está vinculado con sus intereses más evidentes; la segunda, actúa en el nivel de la persona que manipula el conocimiento común e interviene con una racionalidad clásica e individualista. Para nuestro autor los seres humanos producen en la sociedad de una manera consciente y por ello son capaces de manipularla. Por esa razón, Chwe reconoce además el hecho de que el razonamiento es, en cualquier caso relacionado con las emociones y que lo contrario también es cierto.

Los rituales son un acertijo vital que se combinan a partir de una serie de sistemas ceñidos aplicados a la conducta social, de manera tal que guían las formas en que los seres humanos deben comportarse frente a lo profano y lo sagrado. Los rituales son un conjunto de ceremonias o actos concretos que muestran los valores de las sociedades y sus historias. De tal suerte que los rituales tienen establecidos fases de iniciación, ritos de paso y ceremonias concluyentes de la vida.

Se podría reprochar a Chwe el que se niegue a valorar el mundo simbólico como elemento nodal del ritual y de otra parte el que minimiza la concepción del ritual como institución y el ritual como valor de identidad y cohesión social a los grupos y las naciones. La cultura sigue produciendo rituales y tradiciones para aprehender y revitalizar a la sociedad. Los rituales no son sumatorias absolutas de conocimiento e intercambio, sus elementos y funciones son más complejos y se multiplican, creando el sincretismo existencial actual.

Thomas Kuhn: “La estructura de las revoluciones científicas”

Thomas Kuhn: “La estructura de las revoluciones científicas”

Thomas Kuhn (1922-1996) es uno de los más grandes provocadores del pensamiento de la segunda mitad del siglo pasado. Un rebelde de los disensos y un agente de los consensos. Kuhn representa el auge de una propuesta que marcó la segunda mitad del siglo XX y edificó las nuevas estructuras sobre el paradigma, la historia y la filosofía de la ciencia ya que sus propuestas cambian las ideas de cómo se debería desarrollar el método científico.

Marc Zuckerberg, con el libro de Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, retoma su sexto reto de este año de lectura con esta imprescindible obra publicada en 1962 por Univesity of Chicago Press. Se trata de una reconstrucción total del mundo, de la ciencia y la cultura, para entender la revolución del pensamiento: desde la propia idea del ser de la ciencia hasta la tarea para estudiar y entender el desarrollo cotidiano del trabajo científico.

De tal suerte que la obra de Kuhn se convirtió en un clásico para todos los interesados en comprender el debate contemporáneo del acontecer científico y tecnológico. Kuhn, a diferencia de Penélope, si quiere terminar el tejido, teje de día el tramado para entender el pensamiento y en las noches vuelve al él para convalidarlo con sus pares; logra corroborar lo que piensa a partir de consensos en la llamadas comunidades científicas, que es en último caso la manera en que se crea el conocimiento empírico y teórico.

La obra del quizá más citado autor de los últimos 60 años da la sensación de ser un lienzo cómodo y práctico para quienes, preocupados por entender la historia de nuestra cultura como un todo, se pierden en frágiles caminos de propuestas individuales, mientras que para Kuhn la ciencia es el resultado de la combinación de la historia y la sociedad. El conocimiento es en suma una construcción social, incierta e histórica.

Para Kuhn es fundamental reconstruir la huella humana de cualquier trasformación del pensamiento científico. Por ello examina a partir de la naturaleza, el desarrollo de las grandes concepciones del mundo, pues asigna una gran trascendencia no sólo a los resultados científicos sino al comportamiento de quienes lo construyen.

De manera muy precisa al historiador y filósofo de la ciencia estadunidense le interesa mostrar cómo los científicos y sus comunidades fabrican, divulgan, esgrimen, emplean, admiten o impugnan las diversas teorías de las ciencias, de tal suerte que la orientación de toda la obra escrita de Thomas S. Kuhn parte un enfoque del hombre y de su historia.

La idea fundamental de Kuhn en su obra es la concepción del cambio paradigmático, (paradigm shift). Para nuestro físico se trata de encontrar el acuerdo hacia un estudio riguroso, metódico y de gran alcance, de tal manera que se comprenda el continuo de la historia del pensamiento humano y de su principal expresión: la ciencia. Un cambio de paradigma es el tránsito social de un modo de pensar a otro. Una revolución que como tal es regida por agentes de cambio, en este caso, los científicos.

Uno de los mejores ejemplos de paradigma lo constituye la imprenta, ya que el uso de los libros y de una lengua nacional trajo consigo el inevitable cambio de la cultura, primero de un pueblo y más tarde del mundo entero, con un efecto directo sobre la revolución científica. La invención de Gutenberg en 1440 permitió que los libros estuvieran más disponibles y con formatos accesibles y baratos, lo que posibilitó que miles de personas tuvieran mayor acceso a la cultura y con ello las tradiciones comenzaran a cambiar, rompiendo la hegemonía del conocimiento de la Iglesia. Con ello se comprueba que a mayor libertad, el pensamiento expande su conciencia y eso es lo que constituye el paradigma.

Otro paradigma es la representación del mundo donde los modelos desarrollados por Ptolomeo y Copérnico muestran no sólo un lenguaje, sino hasta los principales valores vitales y estéticos que construyen las sociedades científicas a partir de verdades parciales para modificar una manera de pensar y existir. Kunh invade las apasionantes contrariedades de los científicos; viendo de “otro modo lo mismo”. Así el epistemólogo de la ciencia encuentra efectivamente en la actividad de los científicos el movimiento del paradigma. Como he mencionado en otras ocasiones uno de los ejemplos contemporáneos que representan al paradigma kuhniano es lo que ocurre en el espacio de la comunicación, por ejemplo a partir del uso del internet, las redes sociales y la edificación de la aldea global. Así se desarrollan cambios sustanciales en la comunicación, conexión de personas y el fortalecimiento de los negocios. En todo esto el manejo de la información se vuelve el eje de estas variables. El cambio es inevitable y es la única verdad constante.

Una fascinante aportación de Kuhn es el romper el mito sobre la “verdad total” de la ciencia y esa añeja religiosidad al método científico, pues expone de una manera brillante cómo eso que llamamos ciencia no es otra cosa que una serie de enunciados y propuestas concensuadas entre la misma comunidad científica (como cualquier otro lenguaje) y que más que la inmovilidad de las proposiciones, el conocimiento científico se vitaliza ante el movimiento. Kuhn da muestra de que la ciencia no es un movimiento acabado sino una permanente sinfonía inconclusa.

Para la biología de nuestros días la evolución no es una marcha hacia el progreso, hacia una meta. Es más bien un proceso en el que los organismos van hallando nuevas respuestas para ajustarse a las nuevas situaciones que se les presentan. De acuerdo con ello, esto se concreta en el proceso de especialización. En la historia de la ciencia, según Kuhn, sucede algo análogo. Los científicos y sus comunidades son capaces de solucionar los nuevos problemas que van surgiendo, y el modo de hacerlo, en este caso, es la especialización. El árbol evolutivo de la historia de la vida se ramifica en nuevas especies y el de la historia de la ciencia en nuevos enfoques de investigación.

La influencia de las propuestas teóricas y filosóficas de Kuhn han sido notoriamente trascendentes en el ambiente de las ciencias sociales. En economía, en psicología, en sociología se pregunta comúnmente: “¿cuál paradigma teórico es vigente y cuál está opuesto a otro?” Es posible que una de las razones de la vigencia de la propuesta de Kuhn sea la permanente discusión en ciencia sobre sus propios fundamentos. La prueba para un clásico es vulgarizarse, hacerse de todos, trascender la autoría para convertirse en un proyecto diario de la comunidad; Kuhn con su obra se muda de las torres de marfil al lugar común, al espacio que impone la regla y promueve la permanente discusión de cómo deliberar entorno al pensamiento científico y social. Podemos decir que para Kuhn vivimos en una crisis persistente de la ciencia.

Thomas Kuhn es el padre de la generación del paradigma, la que entendió que había que cuestionar el sentido purista de la verdad y la objetividad, para entender que más allá de su majestad la razón, nacida en la Ilustración (s. XVIII) existe el permanente movimiento de las ideas que son las que hacen valioso al conocimiento y su actuar. La estructura de las revoluciones científicas da cuenta de que el estudio del conocimiento se da en la suma permanente de las ideas y no en la generación de tesis absolutistas. Por ello la apuesta al paradigma evita la precariedad en la que habitan quienes creen en los “paradogmas”.

 

Ed Catmull: “Creatividad S.A.”

Ed Catmull: “Creatividad S.A.”

La quinta entrega del reto de lectura de Mark Zuckerberg es la primicia de un viaje a la médula de Pixar; una incursión a sus evaluaciones y a las reuniones del Braintrust que solían atraer, cada pocos meses, a un grupo de creativos para intercambiar puntos de vista y críticas tendentes a resolver los problemas de la película en turno. Este grupo inspiró algunos de los largometrajes más exitosos en la historia del cine de animación de las últimas tres décadas.

El historiador estadounidense Robert Darnton, en su ya clásico libro La gran matanza de gatos, muestra que la literatura infantil, desde los Cuentos de Mamá Oca hasta los de los hermanos Grimm, es un reflejo histórico de la sociedad que los enmarca, y que va cambiando, cada tanto, para corresponder a esa proyección y dar cuenta de la conciencia social. En este sentido, Pixar se convirtió en el mejor referente de una nueva manera de contar historias para niños y no tan niños, alejadas de los arquetipos de brujas, princesas y caballeros. De fondo, casi se escucha el poema infantil “El lobito bueno”, de José Agustín Goytisolo (“Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos. Y había también/ un principe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado./ Todas estas cosas/ había una vez,/ cuando yo soñaba/ un mundo al revés.”).

A lo largo de sus 340 páginas, Creatividad S. A. representa un croquis para cualquier lector que valore la originalidad y también un vademécum de los elementos químicos requeridos para las recetas exitosas de una cultura creativa.

Tras la biografía de Steve Jobs, el libro Creatividad S. A. se convirtió en uno de los más esperados, pues en él se narra, en primera persona, la experiencia del creador y presidente de Pixar, Edwin Catmull. Durante los últimos 20 años Pixar ha reinado en el mundo del cine de animación, ha conseguido ventas millonarias de taquilla y más de 20 premios Oscar. Este libro resume las lecciones aprendidas por Catmulll a lo largo de su carrera desde sus inicios en los estudios Lucas; desvela su fórmula para crear grupos y empresas creativas y revela las ideas y técnicas que han hecho que Pixar sea un estudio tan admirado y rentable. Año tras año, los principios desarrollados desembocaron en una sucesión de éxitos sin precedente en toda la historia del cine.

Con la colaboración de Amy Wallace, Ed Catmull comparte la fascinante historia de un grupo de talentosos y atrevidos cineastas que impulsaron el renacimiento profundo del negocio de la animación y la cultura popular. Repasemos Toy Story, BichosRatatouille, Buscando a NemoMonster Inc. por mencionar algunas cintas condimentadas con la narrativa de Catmull, donde la nueva estructura del cine animado rompe el idílico e inalcanzable mundo del “Érase una vez…” y la eterna adolescencia del país de “Nunca Jamás” para aterrizar la fantasía en nuestro mundo cotidiano.

Catmull, quien comenzó a trabajar con George Lucas en 1979 en el área de efectos especiales en secuencias de acción en vivo, enfrentó la resistencia al trabajo en computadora por parte de los editores del estudio, quienes no creían que podría haber más avance que el que ya se podía hacer cortando tiras de película con navajas de afeitar y pegamento. Nos cuenta el autor que los editores no comprendieron que para alcanzar un mejor nivel de creatividad tendrían que aceptar el cambio y para Catmull una idea transformadora es inútil a menos que las personas involucradas adopten plenamente el concepto.

Uno de los grandes retos que ha tenido el pensamiento actual es la formulación  y categorización de la inspiración y la creatividad, pero lo que Ed Catmull muestra con su experiencia es que la creatividad no es simplemente una fuente de ideas, sino una alquimia entre seres humanos sobre la piedra fundacional de la libertad; la libertad de ser y estar. Es una idea que rompe con los parámetros convencionales de productividad de la mayoría de las empresas que se preocupan más por la forma y por los protocolos que por el resultado.

En “Creatividad, S. A.”, Catmull sugiere cómo fusionar el arte, los negocios y la innovación.Nos lleva por azarosos caminos al interior de Pixar y nos muestra cómo se desarrolla y se perfecciona la prestancia; lo hace con un nivel de detalle que resulta inspirador, tomando como lema la lograda metáfora vital “al infinito y más allá”. La propuesta modélica de excelencia en Pixar consiste en conectar los pequeños detalles con el objetivo final de todos los miembros de la compañía: crear películas que los hagan sentirse orgullosos y plenos.

El punto de inflexión de la historia que llevó a Pixar a convertirse en el gigante de la animación digital, y a generar 8 mil millones de dólares en ingresos y más de una veintena de premios de la Academia, fue la gestación de una organización creativa desde la sabiduría y la modestia, que dio lugar ala originalidad para concebir y resolver los problemas de forma diferente. A laproducción cinematográfica específica se añaden universos o narraciones de ideas preexistentes, lo que transforma las esencias originales. Esto quiere decir que la creatividad y la producción no atienden a las falacias de las musas sino al trabajo cotidiano y permanente.

Así esbozadas las características fundamentales del pensamiento creativo contemporáneo se enuncian una serie de máximas que son cardinales para entender el pensamiento creativo de nuestros días, fruto del binomio de la preparación y del deseo, pero también de una reformulación de ideas y de herramientas-técnicas de creación, así como de sus consiguientes estímulos.

Nos dice Catmull, pionero de la infografía contemporánea, que para ser competitivas, las empresas necesitan innovar todos los días en productos, servicios, mercados, métodos internos y externos, organización y comunicación; y al incluir este tipo de pensamiento incentivan y desarrollan la creatividad.

El autor nos advierte que la innovación consiste en hacer realidad nuevas ideas, en cualquier ámbito y en cualquier departamento, y para ello, lógicamente, es preciso comenzar por generar crear estas ideas frescas, en síntesis, por ser creativos.

El primer esfuerzo de la triada Jobs-Katzenberg-Cadmullcon Disney dio lugar a Toy Story (1995) cuyo fenomenal éxito enmascaró, aunque sólo por un tiempo, un problema no previsto: los directores de producción habían sido infelices al trabajar en “Toy Story” pues no se sentían parte del proyecto, de ahí que se mostraran reacios a inscribirse para la próxima película: The Matrix. Ante ello, Catmull anunció una política de “puertas abiertas” y una organización horizontal. Después de completar Bichos (1998) las cosas habían mejorado notablemente; era el fruto de la nueva política de no regulación y diálogo directo.

El pedagogo británico Ken Robinson nos dice que “la creatividad se aprende igual que se aprende a leer” y Ed Catmull refuerza la idea al indicar que muchas empresas provocan proyectos de innovación pero no sistematizan las fases siguientes. Es el pensamiento creativo el que generará el cambio permanente y hará que la empresa inserte el descubrimiento en su genética.

Creatividad, S. A. es una historia bien contada, llena de detalles acerca de un interesante y complejo negocio. Para los amantes de las películas de Pixar es una lectura obligada y para los devotos de los libros de gestión es “valor añadido” al librero.Creatividad, S. A. da cuenta del ansiado encuentro de Pixar con la fuente de la eterna juventud.

Eula Biss: “Sobre la inmunidad”

Eula Biss: “Sobre la inmunidad”

La pandemia de la modernidad trajo consigo el ideal de la racionalidadper se, el del análisis social; y no ha encontrado una vacuna para combatir la crisis paradigmática de nuestro tiempo que oscila entre dos interpretaciones diametrales de la realidad: lo objetivo y lo subjetivo. Una reciente vista panorámica sobre la salud exhibe la misma disyuntiva ¿vacunarse o no vacunarse? La plantea como un problema de interpretación o factibilidad y no como un proyecto para establecer una política de salud pública eficiente, que sea estable pero también confiable.

En esta cuarta entrega del reto Zuckerberg, Eula Biss responde a este padecimiento extendido de la modernidad siguiendo los pasos de la escritora estadunidense Susan Sontag, quien escribió obras ineludibles sobre la “metaforización” de la enfermedad en el conocimiento colectivo del mundo occidental. Sontag fue una de las analistas modernas que en forma incipiente y decisiva punteó que el padecimiento físico adquiere significado mediante el uso de la metáfora, es decir, por el significado social que históricamente se le ha dado.

Eula Biss, en su libro Sobre la inmunidad, de 205 páginas, habla de la ciencia de las vacunas y de su seguridad; toca la historia de la inmunización, sus descontentos sociales contra los enfoques de la salud, las políticas públicas y la corrupción de algunas farmacéuticas, así como la elección de los temores referentes a la higiene y a la contaminación ambiental. En su obra, Biss retoma la frase de Jean Paul Sartre: “La libertad es lo que haces con lo que te han hecho a ti”.

La escritora estadunidense se percata, en los breves y sólidos ensayos que agrupa en este libro, de que la ciencia “clásica”, la que sigue creyendo en el imaginario de la objetividad puede explicar, por ejemplo, el comportamiento de los genes, pero no el clima de mañana; de tal suerte que desmantela eficientemente la muralla que existe entre la autodocumentación y la divulgación médica, para sintetizar gran cantidad de información del inquietante e ineludible universo de la vacunación.

Eula Biss se plantea que el mundo de la inmunidad es limitado en tanto aceptemos que el pensamiento depende de la suma de los conocimientos e interpretaciones de los modelos políticos de las áreas de la salud que buscan explicar la prevención de las enfermedades.

Es así que nuestra autora, en su calidad de madre, analiza cuál será el universo médico real al que se enfrentará su futuro hijo, sobre todo en el espacio social denominado inmunidad, que es experimentado a través de varios canales en la sociedad. Biss, quien también es autora del libro Notas de la tierra de nadie, defiende persuasivamente la inmunización infantil, pero la percibe, desde su caso, como el nuevo intento de una madre ansiosa por proteger a su hijo y por comprender las consecuencias de la vacunación. Así, la solidaridad se convierte en uno de sus grandes temas sobre la base de que la inmunidad es un “espacio público” que depende del bien común.

La exploración de Eula Biss es a la vez analítica y emocional, como todas las historias. La ensayista encuentra una referencia metafórica en el clásico libroDrácula, de Bram Stoker: la seducción de los vampiros como alegoría de la enfermedad.

La obra invita a Biss a plantearse una interesante pregunta: “¿qué es más monstruoso: la vacunación o la persuasión estigmatizada de la enfermedad?” En Sobre la inmunidad, Eula Biss muestra que si bien el movimiento antivacunación es un fenómeno reciente, sus raíces son mucho más profundas, no solo desde el punto de vista histórico, sino del psicológico, del sociológico e incluso del teológico.

El nacimiento del hijo de Biss, que coincidió con la reciente epidemia de la influenza H1N1, inspiró una investigación que involucró al padre médico, a otras madres, a investigadores y, que finalmente concretó el copioso estudio de la referida autora.

Biss escribe que su conocimiento creció a la sombra de su deseo de proteger a su hijo; tal como Tetis, madre de Aquiles, buscó inmunizar al suyo. Esto la llevó a desarrollar una “toxicología intuitiva”, pues entendió que albergamos “más microorganismos en nuestras entrañas que células en nuestro cuerpo”. Tal como Tetis, madre de Aquiles, buscó inmunizar a su hijo.

Para la profesora de la Northwestern University y ensayista acreedora al premio Carl Sandburg (2010), las vacunas recomendadas en el programa de inmunización protegen a los niños contra el sarampión, la varicela, las enfermedades neumológicas y otros padecimientos, pero el verdadero beneficio de la vacunación es la inmunidad colectiva, conocida también como inmunidad comunitaria. Este término se refiere a la protección que las altas tasas de vacunación ofrecen a todas las personas que pertenecen a una comunidad, porque cuando un número suficiente de personas se vacuna contra una enfermedad, es difícil que ésta adquiera fuerza, lo que protege también a quienes no pueden o no quieren recibir vacunas, como los recién nacidos y las personas con enfermedades crónicas; al tiempo que reduce la posibilidad de un brote que pudiera derivar en epidemia. La inmunidad colectiva es difícil de ser aprehendida, pero la comprensión de la inmunidad de grupo es esencial para entender por qué y cómo nos vacunamos.

No es frecuente encontrar a una ensayista literaria paseando por los jardines de las discusiones sobre las políticas estatales de salud contemporáneas; por eso resulta interesante ver cómo la literata Eula Biss atraviesa con serenidad y perspicacia un tópico que mantiene a la mayoría de la gente con el grito de ¡vacunación! Biss rasguea el tema con una prosa profunda, reflexiva, y hace una escrupulosa y profunda investigación que exhibe las debilidades de la oferta social de nuestra cultura occidental.

México tiene más de 50 años de historia sanitaria en materia de elaboración y aplicación de vacunas. El influjo del programa de vacunación es resultado de una cadena de campañas que confluyeron en la elaboración de vacunas efectivas, de bajo costo, fácilmente aplicables a gran escala y con efectos protectores duraderos. Sería interesante hacer un análisis como el que plantea Biss, un ejercicio de autocrítica, enmarcado en el contexto social y político del México actual.

La autora, nacida en 1977, concluye en su libro que existe una responsabilidad moral, política y social para construir y conservar el espacio de la inmunidad, y ello legitima la evaluación de lo que está haciendo el Estado en torno a la vacunación por tratarse de un tema eminentemente ciudadano.

Biss hace énfasis en lo que llama un mundo perfecto, aquel que sitúa la educación de la niñez dentro de una burbuja, pero advierte que en la medida que ésta crezca nos olvidaremos de las formas con las que nos ligamos esencialmente a la comunidad, las que nos hacen seres sociales. La inmunidad es un principio de armonía social que permite explorar los mitos culturales, romper los miedos y sacudir los estereotipos en torno a las vacunas y a la medicina preventiva. Pero también se vuelve un factor crucial en la construcción de la comunidad cuando entendemos que cada uno de nosotros somos el ambiente del otro, conformando un espacio compartido en el que nos tenemos a nosotros mismos, los racionalistas irracionales.

Sudhir Venkatesh: “Líder de la pandilla por un día”

Sudhir Venkatesh: “Líder de la pandilla por un día”

En esta tercera entrega del reto de Mark Zuckerberg nos damos cuenta que una de las riquezas que tiene la propuesta es el contraste y amplitud de los temas, así como el nivel de su profundidad, pero que al mismo tiempo coinciden entre sí los tres títulos recomendados hasta ahora, por ser recuentos heterodoxos del análisis social contemporáneo.

Sudhir Venkatesh, con una mirada íntima de la realidad del barrio, nos introduce a la cultura urbana estadunidense, nos sumerge en el mundo de los llamados black and blue, de las pandillas, de la prostitución y la delincuencia. El libro es una minuciosa estampa, desde un entramado sociológico y etnológico, de la cotidianeidad callejera de la ciudad de Chicago, pero es también la compleja historia de cómo un joven académico logró infiltrarse en la vida íntima de una banda urbana de Chicago volviéndose parte de la misma. El joven sociólogo quedó inmerso durante siete años en el andamiaje de la actividad de las pandillas, la delincuencia juvenil y el crimen, para mostrar con su estudio la enorme fisura social que existe en las comunidades estadunidenses.

Venkatesh, desde 1989, por cierto un año en el que se tambalearon las ideologías y se planteó el fin del mundo bipolar; se pregonó el fin de la historia a partir del triunfo del capitalismo ante el desplome del socialismo de la Europa del Este regresa a los engranes del capital para plantearse la pregunta sociológica: ¿qué se siente ser negro y ser pobre en la ciudad de Chicago? Pregunta que bien podría expandirse a todo Estados Unidos y que evidencia la llaga permanente de la discriminación, el racismo y clasismo en nuestros días.

El hoy destacado profesor de la Universidad de Columbia puso en duda los cánones del discurso científico que se fundamentan en las encuestas de opinión y el análisis estadístico como única manera de describir la subsistencia de la pobreza, volviendo a los sofisticados métodos de sus predecesores, utilizó un enfoque etnográfico que buscó tocar fondo en la vida de los suburbios. No se trata de quitarle valor a los elementos clásicos de la sociología; se trata, más bien, de flexibilizar los llamados “datos duros” desde una propuesta que incorpore el sentir humano. Hoy sabemos que la credibilidad y la certeza de los instrumentos de medición han crecido, porque quienes las aplicamos sabemos el sentido del contexto frente al margen de error.

El autor, de origen hindú, obtiene una muestra de la vida de los llamadosreyes negros y su líder, el despiadado y carismático J. T. Se retratan así enfrentamientos mezquinos y fallas endémicas en un grupo criminal que comprenden 250 efectivos mal remunerados, sin educación y violentos. Sin duda alguna, Venkatesh quedó seducido por la vitalidad del mundo de las pandillas y esto le permitió tener información a partir de una observación participante metódica y cuidadosa de las relaciones de estos grupos, como ya antes lo habían planteado Malinowski, Mead y Boas.

El libro, Líder de la pandilla por un día se convirtió en un parteaguas en la reciente historia del análisis social, ya que se colocó en el vórtice de lo metodológicamente ambiguo. La relación investigador-objeto de estudio se muestra más cercana, más vívida, más real. La relación análisis-investigador es también la historia entre Venkatesh y J. T.: dos jóvenes ambiciosos en mundos disímbolos.

Sudhir Venkatesh lleva a cabo su estudio en un complejo de viviendas públicas en Chicago, una comunidad extremadamente necesitada y caracterizada por altas tasas de desempleo, delincuencia, consumo de drogas y malestar social. El conjunto de los Robert Taylor Homes, construidos a finales de los años 50 del siglo XX para albergar a la gran población de afroamericanos pobres de esta ciudad, se convirtió rápidamente tanto en un hito arquitectónico de la ciudad como en el ejemplo para la vivienda pública fracasada.

Otro acierto del texto en cuestión, es su capacidad para aproximar a los lectores al entendimiento de que los habitantes de los Robert Taylor Homes llamaban a este espacio “su hogar” y así se despliegan muy cercanamente y con simpatía personajes como Clarisse, la prostituta inteligente; la señora Bailey, la principal rival de J. T.; C-Note que adquirió su apodo debido a su conocimiento de las 100 maneras para hacer cien dólares, y también T-Bone el contador nerd de la pandilla, quien dio a Venkatesh más de cuatro años de datos financieros que describen meticulosamente la economía del crack y su tráfico. El recuento permanente de la vida de los jóvenes negros (los soldados deJ. T.) que arriesgaban su vida vendiendo drogas a cambio de un salario menor de lo que ganarían trabajando en cualquier empresa de comida rápida, recorre las 302 páginas del libro.

El analista social da cuenta que el ex presidente Bill Clinton, —quien recientemente visitó nuestro país e hizo un interesado mea culpa, público, poco común en los estadistas de nuestro tiempo— apoyó el uso de la policía con “redadas” e hizo factible la orden judicial para que el Departamento de Policía de Chicago usara estrategias arbitrarias y represoras para combatir los problemas de las pandillas y las drogas; mientras que la American Civil Liberties Union (ACLU) y otras ONG denunciaron las redadas como una violación de los derechos constitucionales. Clinton sostuvo que el derecho a la “libertad del miedo” era más importante y que, además, el flagelo de las pandillas callejeras requería medidas extraordinarias.

El proyecto de Venkatesh muestra hombres y mujeres que fácilmente transitan entre las economías legales e ilegales dependiendo de quién paga más. El autor señala que los traficantes de drogas aspiran a comprar las pequeñas empresas y sus subordinados se mueven entre los puestos de trabajo legítimo, el mercadeo de drogas y la prostitución. La confianza de una comunidad y los instrumentos de derecho han erosionado la distinción entre lo legal y lo ilegal, la moral es ambigua para devenir en una comunidad pragmática siempre atenta al mejor postor, lo que algunos justifican como supervivencia y otros definen como la caótica factura de un capitalismo en desgaste.

Sudhir, el héroe de su propia investigación, tiene ocasionalmente remordimientos de conciencia, porque está participando en lo que bien podríamos llamar una pornografía del gueto, ya que con una mano solo es testigo de los delitos que se cometen y con la otra traza los excitantes detalles de la vida misma del gueto. Así Venkatesh tiene dos realidades la del sociólogo que vive hacia fuera y hacia arriba y la del participante de la pandilla que mira hacia adentro y hacia abajo.

El paisaje de fondo de la obra de Venkatesh es la política ya que no se puede explicar los movimientos de las pandillas sin el conocimiento y el flirteo del Estado. Para nosotros es interesante conocer la idea que tienen los integrantes de estas bandas respecto de los mexicanos con los que conviven. Nos dice, por ejemplo, que los mexicanos no le tienen temor a nada, se matan entre ellos en prisión y que el idioma “mexicano” es un código ante los afroamericanos más poderoso que el llamado black power. En algunos momentos las pandillas de negros y mexicanos llegan a ser rivales por el control de la calle, pero los mexicanos siempre tendrán la alternativa de la frontera.

Sudhir Venkatesh a pesar de su cercanía con los grupos que analiza logra trascender el estereotipo ideológico para enseñarnos una cruda realidad que se antepone ante el boom y la industria de la llamada “narcocultura” que pretende exaltar a individuos que han sido protagonistas de la historia por su carrera criminal y maquillar su comportamiento violento como un fenómeno social “admirable”.

Un pequeño paso de Zaldívar, un gran salto para México

“Lo que los jueces han forjado es un golpe de Estado, – de movimiento lento y gentil, pero un golpe de Estado, al fin y al cabo”  Robert Bork

La Corte ha sido protagonista de un paso histórico al conceder amparo para la producción, procesamiento y consumo de mariguana con fines recreativos. En algún sentido, la decisión mueve a muchos al orgullo y a la glorificación. Sin afán de atenuar los trascendentales efectos del fallo, es importante advertir que la función de la Corte es salvaguardar la constitucionalidad de las leyes y de los actos de autoridad, no así la de definir políticas públicas, lo que corresponde al Gobierno y al Congreso. No es cuestión de formas sino de algo mucho más relevante: el sentido de la representación democrática y la responsabilidad de los Poderes de la Unión según la división que corresponde. Reitero, los cambios no pueden lanzarse por la ventana y procesarse en el traspatio.

El tema de las drogas es global; somos vecinos del país más poderoso y principal consumidor de todo, incluso de los estupefacientes  que se producen o transportan en el territorio nacional. Del 19 al 21 de abril está programada una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que abordará el tema de las drogas. Es secuela de un largo debate y de las metas definidas en 2009 en “La declaración política y plan de acción de cooperación internacional hacia una estrategia integral y balanceada para enfrentar el problema mundial de las drogas”. Será el mejor escenario y ocasión ideal para revisar la fracasada política de más de medio siglo. Como acción compartida y corresponsable, los países ahí reunidos están obligados a asumir una postura más realista y eficaz ante el problema.

El gobierno también tiene que velar por la salud pública y no solo enfocarse en las drogas ilegales. El reporte más reciente sobre adicciones muestra que la amenaza principal es el alcoholismo. Hay que rescatar del mundo de las adicciones a nuestras escuelas y a nuestros espacios públicos, especialmente aquellos donde concurren menores, jóvenes y familias. Ello exige una actitud de prudencia que ahora no es perceptible entre quienes promueven la apertura hacia una franca legalización. Mucho se ha hablado de regular la mariguana y las grandes líneas están expuestas, pero todavía hay un debate sobre los pormenores. Las modalidades de control, producción, comercialización y consumo son múltiples y bien merecen discusión amplia.

La inexplicable omisión apunta a los partidos políticos y a las fracciones parlamentarias; la ausencia de los legisladores en el tema llevó a la Corte a tomar un rol de hacedores de política pública que no le corresponde. Sería saludable que los partidos dejaran, abierta y explícitamente, en libertad a sus miembros o representantes populares para que se pronuncien al respecto. El tema sí toca puntos de conciencia pues están de por medio cuestiones como las libertades, la salud pública y la seguridad. Mi recomendación es que las Cámaras federales convoquen a una amplia discusión sobre la materia con una agenda temática centrada en las particularidades para así darle a la representación legislativa el espacio natural de deliberación y propuesta que le corresponde.

Es una cuestión de liderazgo en medio de una sociedad dispar. Por una parte, la mayoría no apoya la legalización de las drogas para efectos recreativos, ni siquiera la mariguana, pero tampoco está a favor de la criminalización de los consumidores. Con toda razón, a esta generalidad le preocupa -y mucho- que la permisividad llegue a los menores, sector donde la evidencia médica de los efectos es insoslayable.

El liderazgo no consiste en acomodarse al prejuicio. Gobernar o hacer política para la tribuna es un recurso muy alejado de la responsabilidad. Al respecto ha habido de todo: voces convencidas y honestas que rechazan la legalización de las llamadas drogas blandas; otras, yo entre ellos, que asumen que un cambio en la materia no solo es consecuente con las libertades sino una fórmula para abatir la violencia y la criminalidad asociada, además de oportunidad para promover un mejor y mayor control público de la producción, comercio y consumo. Al centro hay una mayoría que tiene dudas sobre uno y otro argumento; los duros de opinión son minoría y por ello es necesaria más información y deliberación. Mucho daño ocasiona el también patente oportunismo y la hipocresía de quienes eluden postura invocando el debate.

La realidad actual es insostenible. Urge una revisión a fondo que debe hacerse de manera compartida, abierta y razonada. No es un tema de partidos, es asunto de principios, de razones e información que también implica al mundo exterior. México tiene motivos fundados para reclamar un cambio profundo. El país ha sido seriamente lastimado por el infierno asociado a las drogas. La violencia se ha disparado de manera dramática, ha puesto en jaque a las instituciones públicas y ha alterado los términos de convivencia entre personas y familias. Soy de la opinión de que el gobierno de la República asuma un mandato claro e inequívoco de cambio ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en abril próximo. Como lo ha señalado el expresidente de Colombia, César Gaviria, México y su Presidente tienen autoridad en el mundo para demandar un giro en la forma en la que se ha atendido el tema de las drogas y las adicciones.

El tema da para mucho pero hay acciones que no soportan demora. Una de ellas atañe a las autoridades locales y municipales, así como a las educativas, obligadas a blindar los espacios públicos ante la amenaza de las drogas y adicciones. También los medios de comunicación deben asumir una responsabilidad más abierta y activa al respecto. El asunto plantea una espléndida coyuntura para crecer y madurar. Una decisión jurisdiccional bien puede ser el detonador de un nuevo momento, idóneo para que la sociedad, el gobierno y la política logren un positivo reencuentro y consumen una fructífera reconciliación.

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FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

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