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Liébano Sáenz

Liébano Sáenz

La dolorosa lección de Ajalpan

El país ha cambiado profundamente en las décadas recientes. La inseguridad a todos nos afecta. En muchos sentidos, la búsqueda de  protección conduce a la modificación de las condiciones de vida y de las formas de  trabajar y relacionarnos. Las personas y sus familias sufren las consecuencias. Las autoridades más próximas a los ciudadanos también son objeto de intimidación, extorsión y coacción por parte del crimen. Por ello, la instauración del mando único policial es una de las muchas acciones que deben emprenderse para encarar  la nueva realidad con mejores resultados. El miedo nos ha robado la tranquilidad y el sosiego al que todos tenemos derecho. Hay que exigir, pero también hay que exigirnos. La denuncia es obligada; de otra manera, la impunidad hará que los hechos no trasciendan ni siquiera a las estadísticas criminales.

La noticia de dos jóvenes encuestadores linchados  hasta la muerte en Ajalpan, Puebla, es un hito más de esta historia trágica. Las poblaciones son rehenes del temor y de la desconfianza. Un acto común, como es el trabajo del encuestador, un rumor y un azuzador pueden detonar un implacable tumulto contra jóvenes inocentes y sin oportunidad para acreditar su auténtica condición. Los “secuestradores roba-niños” no fueron objeto de juicio; su ejecución inmediata y pública es un estúpido y contraproducente acto de venganza social. La justicia por propia mano constituye un hecho criminal de autodefensa fundado en la ausencia de ley, de Estado y de autoridad.

Las autoridades tienen su responsabilidad, pero también la sociedad misma. En el caso concreto es evidente que también queda implicado quien contrató y mandó a los jóvenes a una circunstancia de riesgo sin deparar las consecuencias. Quienes estamos en la industria de la opinión pública tenemos un catálogo múltiple de experiencias que exhiben el cambio: encuestadores amenazados, retenidos, golpeados, encarcelados, secuestrados, etcétera. Hacer  encuestas de campo es una actividad de riesgo, no solo por los traslados y los peligros propios del proceso de entrevista, sino por las circunstancias especiales que prevalecen en ciertas regiones del país, urbanas y rurales, ricas o pobres.

Nos cambió el mundo y las cosas no volverán a ser las mismas. Ignorar este trance puede implicar riesgos mayores. Para muchos, los términos de la convivencia y del esparcimiento cambiaron, como lo muestran los estudios sobre la materia. Ante la pérdida de paz, el hogar se volvió refugio. Es cierto que se han ganado importantes batallas, como las libradas en La Laguna, Nuevo León, Nayarit, Ciudad Juárez y muchas otras más, pero el miedo persiste, como se hizo patente en Puebla.

Las empresas de estudios de opinión también han sido sacudidas por estos efectos del crimen; sin embargo, la mayoría no atendió la alerta que se activó en 2008 con el secuestro de encuestadores en Michoacán. Tampoco se tomó nota del por qué las encuestas cada vez eran más erráticas a causa de las deficiencias del trabajo de campo. Y es que el modelo de subcontratar requería de revisión profunda. Ser encuestador es una actividad profesional, especializada y que debe desarrollarse con estricto apego al método para así obtener resultados confiables y evitar situaciones críticas o de riesgo.

La inseguridad pegó directo al punto de partida de los estudios demoscópicos: la entrevista con el encuestado. El rechazo a ser entrevistado aumentó, también las respuestas no veraces. Llegar a los domicilios se volvió más difícil y en algunas zonas riesgoso. Por razones estrictamente de costos se continuó subcontratando el campo, aunque se sabía que había bajado la calidad y el perfil de los encuestadores. En lugar de los ex empleados del INEGI de hace décadas, los llamados camperos contrataban parientes, estudiantes o personas a quienes se les pagaba poco por un trabajo difícil, complejo y ahora riesgoso. El mercado no castigó y la autocomplacencia ganó terreno.

Es bueno que las empresas dedicadas a los estudios de opinión y sus asociaciones exijan a las autoridades garantías y, para el caso en cuestión, acciones ejemplares. Pero hay que ir más allá, debe haber un poco de honestidad y gran dosis de autocrítica para reconocer que el trabajo no puede continuar de la misma forma y que las nuevas circunstancias llevan al agotamiento del modelo de la subcontratación de servicios sin resolver el tema de la profesionalización.

Esto significa que el trabajo del encuestador, como cualquier profesión y más si se trata de una actividad de riesgo, requiere adiestramiento y capacitación adecuada para ganar la confianza del encuestado y detectar situaciones de potencial amenaza. Entre los recursos esenciales destacan: uniformes, capacitación especializada, identificación, monitoreo y, de ser posible, dispositivo móvil con aplicación especializada para asegurar cobertura de rutas, control de entrevistas y un esquema general de seguridad y control. Los agentes que realizan la encuesta tienen derecho al seguro social y a la protección laboral que corresponde a su actividad.

Considero que la amarga y aterradora experiencia de días pasados es una llamada de atención para todos, incluidos quienes nos dedicamos a esta tarea. Tenemos que entender que la violencia demanda una visión preventiva ante situaciones de riesgo por parte de las autoridades, pero también de la sociedad. La complacencia es inaceptable porque literalmente puede llevar al infierno a los eslabones más débiles de la cadena social: menores y adolescentes, mujeres jóvenes, nuestros adultos mayores y, para el caso que nos ocupa, a aquellos que buscan ganar unos cuantos pesos sin advertir que están optando por una actividad especializada e insegura.

Si bien este ejercicio didáctico no resuelve el problema, sí ofrece un espacio de defensa frente al horror que acompaña este momento trágico de violencia y crimen. Para todos es deseable dejar atrás, de manera pronta y contundente, la percepción y el sentimiento que ahora invade a casi todos, en muchas partes. No podemos ser rehenes de nuestros miedos ni debemos ser indiferentes o ingenuos ante la realidad, especialmente cuando nuestras acciones u omisiones afectan a los más frágiles del espectro social.

Educación y Estado

La trascendencia de la reforma educativa es reconocida por todos. Los alcances en la Constitución revisten la mayor importancia para las próximas generaciones y para el futuro de todo el país. La educación es el vehículo más poderoso para llegar al destino de una sociedad transformada. Es fundamental para cultivar la igualdad y la libertad. Sus buenos efectos se extienden a todos los campos: economía, seguridad, justicia, equidad y democracia. Por décadas, el país ha aspirado a una educación pública de calidad pero, a falta de ella, hasta ahora los resultados no son tan alentadores. Las evaluaciones nacionales e internacionales así lo muestran.

Mejorar la educación es política de Estado. Todos los gobiernos han hecho un esfuerzo serio y la cobertura puede apreciarse como un logro importante de tal empeño. Esta vez, lo singular ha sido la reforma educativa y el fortalecimiento del Estado frente al poder gremial y ante el deterioro de la calidad educativa provocado por malas prácticas y la desatención de gobiernos hacia sus responsabilidades, incluyendo la referente a infraestructura.

Los mayúsculos y ambiciosos proyectos tecnológicos, de muy elevado costo, por cierto, no se corresponden con instalaciones educativas precarias e incluso en franco abandono. Mantener y modernizar los edificios escolares y su mobiliario son tareas necesarias y urgentes, como también lo es abatir el analfabetismo que persiste en el país.

La agenda por la educación pública es diversa pero lo más importante ya se logró: el cambio en la Constitución para impulsar una transformación que concilie cobertura y calidad. También hay que reconocer que el éxito en el nivel básico y las razones propias de demografía han significado una fuerte presión para la educación media superior y superior. Nuevamente, el gigantismo, teniendo a la improvisación como cómplice,  acelera el deterioro de la calidad educativa y la proliferación de opciones educativas francamente fraudulentas.

Por ahora, lo urgente es llevar la transformación educativa al terreno de la realidad. Los profesores son objetivo, pero igualmente deben serlo las instalaciones educativas y los programas y técnicas de estudio. El SNTE ha sido consecuente y es hoy un activo importante para conducir la reforma a buen destino. Es explicable el temor de los trabajadores pues, si bien no afecta sus derechos laborales, el concurso y la evaluación son parte importante de la reforma. El cumplimiento de las obligaciones y la superación de los mentores son cimientos de la estabilidad laboral.

A tres años de su aprobación, la reforma educativa solo es abiertamente rechazada por un sector minoritario y que, lamentablemente, se enquista en zonas muy pobres del país. Aquellas donde la calidad de la educación es sumamente baja y la resistencia a la mejora educativa es más evidente. Afortunadamente, en Oaxaca, el gobierno local y el federal han tomado decisiones para corregir una situación que desde hace décadas dejaba el aparato educativo en manos del sector más radical e intransigente del gremio, con la ventaja adicional de tener una fuente de  recursos económicos para financiar movilizaciones y acciones ajenas al genuino interés de los maestros. Este gobierno federal logró el cambio que cuatro administraciones no pudieron conseguir.

La expresión más relevante de la voluntad gubernamental es la postura del Secretario de Educación, Aurelio Nuño, de validar la reforma educativa frente a la embestida de la CNTE. La claridad y la firmeza han abolido la indebida práctica de convertir a los gobiernos en rehenes del chantaje, a través de la movilización y los paros educativos. El daño infligido en los últimos años a alumnos y familias de una de las regiones más pobres del país, es inconmensurable y, a todas luces, inaceptable. No se requiere criterio de la Suprema Corte de Justicia pare entender la superioridad que el derecho a la educación tiene sobre las irrisorias demandas de la CNTE, incluida la suspensión de la reforma educativa.

Es fundamental que el Estado mantenga una postura firme frente al ausentismo magisterial, aplicando las medidas consecuentes. Solo así los trabajadores entenderán que la CNTE no solo ha perdido el control de los recursos y la inmunidad contra sanciones, sino que ahora, sus órdenes los perjudican y, eventualmente, los pueden hacer perder su empleo, consecuencia natural de la falta injustificada que se aplica en cualquier empleo o actividad.

La encuesta de GCE, levantada el jueves en Oaxaca y a nivel nacional, es reveladora del sentido de la opinión pública acerca de este tema: la evaluación de los maestros, punto medular de la reforma educativa, fue apoyada por más de 80% de los encuestados. También destacó el rechazo a las movilizaciones a costa de los alumnos y  se aprobó, en proporción de 8 de 10 encuestados, la aplicación de sanciones a los maestros faltistas.

Queda claro en las expresiones del Secretario Nuño que no existe más intención que la de cumplir con la ley y con lo establecido en la reforma educativa. Ciertamente, la firmeza y la claridad son requisito para que los profesores tengan certeza de sus derechos y obligaciones. Es necesario evocar la mística de José Vasconcelos, precisamente en Oaxaca, su tierra de origen, donde la situación se ha vuelto más crítica y adversa frente al proyecto de la educación pública.

Llevar a buen puerto a la reforma educativa precisa mucho más que vencer la  resistencia de grupos antisistémicos. Por ello es un acierto que se otorgue un lugar destacado al tema de las instalaciones educativas y que se resuelva un mecanismo de financiamiento para tal propósito, como fue anunciado por el Presidente en el Informe de Gobierno. Los acuerdos con el SNTE garantizan un piso de colaboración y apoyo, avance que no debe desdibujar los esfuerzos para demostrar a los trabajadores de la educación que la reforma no afecta sus derechos laborales ni su estabilidad en el empleo, en la medida en que cumplan con sus responsabilidades y obligaciones.

Que las instituciones respondan

Uno de los asuntos que más debe preocuparnos es el que se refiere al desgaste de las instituciones, con las de la democracia a la cabeza. Gobiernos electos, representantes populares, Congresos y partidos políticos sufren un severo e inédito descrédito social, lo que ha abierto la puerta a propuestas que se alimentan de la polarización y buscan capitalizar el desencanto con la democracia. La verdadera solución para fortalecer y mejorar la calidad del gobierno debe construirse dentro de la democracia, no fuera de ella. Ni la calle ni la propuesta de aniquilar lo existente son remedios para las dificultades que hoy se padecen. Las únicas que pueden mejorar la democracia son las propias instituciones de la democracia.

Alienta entonces el ejercicio de rendición de cuentas de los secretarios del gabinete y de la Procuradora General de la República ante el pleno de las Cámaras del Congreso. Es una dinámica entre instituciones que trasciende a las personas: los funcionarios informan y acreditan lo que se ha hecho y lo que se está haciendo para hacer frente a la compleja circunstancia que vive el país. Los legisladores, a partir de la pluralidad y de la libertad de expresión, cumplen su tarea de escrutinio del poder. Es el juego de las instituciones y es igualmente alentador que la cobertura mediática se extienda a este diálogo entre poderes.

El Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, presentó las acciones del gobierno para avanzar en la seguridad, en la eficiencia de la política interna, en el respeto a los derechos humanos y en la calidad de la democracia. Ha sido un año difícil, complejo y en fechas recientes sumamente delicado por lo que significa la postura de organismos internacionales opinando y evaluando el desempeño del país. Sí del país, no sólo del gobierno. El gobierno nacional dialoga, escucha, valora opiniones y recomendaciones, pero también defiende principios y lo mismo hace con las instituciones nacionales en un complejo equilibrio cotidiano.

De igual manera, el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, ha presentado el informe sobre la situación económica y las perspectivas del país. El catastrofismo ha invadido la retórica, pero México crece pese a un entorno adverso. Hay estabilidad macroeconómica y es evidente el interés global por invertir en el país. La drástica disminución de los precios del petróleo se compensa con el aumento de exportaciones no petroleras y con una mayor y mejor recaudación; la inestabilidad en el tipo de cambio no ha afectado a la economía nacional, incluso tenemos tasas de inflación inéditas. Son los efectos de las reformas como lo reconoció ayer viernes la Directora Gerente del FMI, Christine Lagarde. Por su parte, la canciller Claudia Ruiz Massieu, destacó la conclusión del Acuerdo de Asociación Transpacífico de Cooperación Económica, que calificó como la negociación comercial más ambiciosa a nivel mundial, por los altos estándares que pretende establecer en cada rubro. Con ello el país ratifica su presencia diplomática, comercial y económica en el mundo.

La política educativa vive un mejor momento con el arribo del Secretario Nuño. El Estado mexicano ha dejado de estar a la defensiva. La reforma educativa se ve ratificada y reafirmada con la nueva estrategia del Presidente Peña Nieto de ampliar el espectro de la mejora de la educación pública también a los recintos escolares y a una puntual aplicación de las normas. Los profesores tienen certeza sobre su estabilidad laboral en la medida en que cumplan con sus obligaciones. El activismo radical tiene su espacio, pero no a costa del programa educativo y de los alumnos y padres de familia. El chantaje finalmente parece haber llegado a término.

Uno de los capítulos más significativos de este proceso de rendición de cuentas se hizo patente en el Senado de la República durante la comparecencia de la Procuradora Arely Gómez. El país vive un momento espinoso por el desgaste que han sufrido las instituciones encargadas de la lucha contra la violencia y el crimen, así como por  hechos que han afectado la confianza pública en los gobiernos y en la política, principalmente el crimen de Iguala y la fuga de El Chapo Guzmán. En ambos casos se acreditó que se trabaja con seriedad; que no hay posturas cerradas, que hay voluntad de actuar con determinación para alcanzar la verdad y la justicia. También se demostró que los derechos humanos y la transparencia cuentan en el actuar de la PGR y que quienes violentaron el Estado de derecho habrán de enfrentar la acción de la justicia sin importar jerarquía o condición social.

El reconocimiento del Senado a las fuerzas armadas es relevante. Fue un acto oportuno ante la embestida de quienes pretenden minar las instituciones nacionales capitalizando la indignación por los hechos criminales de Iguala, pese a que la evidencia de unos y de otros apunta a la responsabilidad de las policías municipales y del grupo criminal Guerreros Unidos. El traslado de culpas a las fuerzas armadas debe alertar a la opinión pública. A la CIDH le correspondería mostrar más sensibilidad al respecto y, efectivamente, las investigaciones en la materia deben estar a cargo de instituciones nacionales. Si hay que aclarar dudas o precisar cuestiones respecto de un miembro de las fuerzas armadas, el ministerio público o un juez son la instancia indicada. Debe quedar claro que la única justicia genuina es la de las instituciones y a ellas debe remitirse la colaboración internacional.

La respuesta de las instituciones es un signo positivo pero debe ir mucho más allá. Para el caso concreto, es destacable el compromiso de los senadores para adecuar el marco legal a fin de dar certeza y claridad al respaldo que las fuerzas armadas otorgan a las autoridades civiles en materia de seguridad pública. También es menester avanzar en la propuesta presidencial en lo que se refiere a justicia cotidiana para así abatir la impunidad.

Tiene razón el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra´ad Al Hussein cuando se refiere a la inconveniencia de una actuación permanente de las fuerzas armadas en labores policiacas. No les corresponde, no es lo suyo, y por ello deben darse las condiciones para que los mandos civiles retomen su responsabilidad en el marco de leyes e instituciones eficaces e íntegras.

Antología universal del discurso político

 

 

 

 

Antología universal del discurso político

Los discursos que marcaron la historia de México y el mundo

Liébano Sáenz (COMPILADOR)

 

La Antología universal del discurso político es un monumental trabajo de recopilación que ha logrado sintetizar en dos volúmenes más de dos mil años de historia humana en las palabras de sus protagonistas. A partir de un cuidadoso y estricto criterio de selección, se ha elegido los personajes y discursos más representativos que ilustran la forma de pensar de diversas épocas.

De este modo, hoy podemos dar continuidad a la evolución de las ideas políticas desde la antigüedad hasta nuestros días: desde Sócrates, Jesucristo y Alejandro Magno, hasta Winston Churchill, Mahatma Gandhi y el Che Guevara. El lector tiene en sus manos la reunión más completa de las voces que han definido los acontecimientos decisivos y los grandes periodos históricos: el mundo grecolatino, la Edad Media, la Conquista de América, la Ilustración, las guerras mundiales y los movimientos sociales más importantes de la era contemporánea.

Discursos, decretos, cartas, manifiestos, artículos, promulgaciones y libros de todas las épocas han sido la fuente de esta descomunal tarea.

 

  “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que

  cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… las

  amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto

  las palabras...”

 

Pablo Neruda, Confieso que he vivido

Entrevista Milenio 10 Nov. 2014

Once Noticias - Entrevista: Liébano Sáenz

Steve Pinker: “Los ángeles que llevamos dentro”

Steve Pinker: “Los ángeles que llevamos dentro”

Me he propuesto seguir el reto que Mark Zuckerberg ha lanzado a los usuarios de Facebook en este 2015: leer un libro cada dos semanas. Sin duda, un desafío indispensable en estos tiempos y en esta sociedad ávida de nuevas reflexiones que respondan cabalmente a nuestra realidad inmediata. Es por ello que busco en este espacio hacer breves reflexiones de las lecturas a las que Zuckerberg nos invita como parte de un proyecto que nos lleva a todos a pensar desde una perspectiva intergeneracional, global y multidisciplinaria. En esta hora de “aparente fragmentación“, hiperespecialización del conocimiento y fin de ideologías, nos planteamos análisis horizontales de nuestro mundo actual y de nuestra vida cotidiana. La primera reflexión fue sobre el libro de Moisés Naím, El fin del Poder, y se puede revisar en https://liebanosaenz.wordpress.com/2015/01/18/el-fin-del-poder/

Ahora, en esta entrega, la reseña corresponde a la segunda recomendación de Zuckerberg: Los ángeles que llevamos dentro, en el que Steven Pinker advierte que “desde que Adán y Eva se comieron la manzana, Ulises se hizo atar al mástil, la cigarra cantaba mientras la hormiga guardaba comida y San Agustín rezaba: ‘Señor hazme casto, pero todavía no’, los individuos han forcejeado con el autocontrol. Esta genial síntesis de la llamada “cultura occidental”, por provocativa, me impactó, pues ya muestra el ideal en el que se construyó nuestra cosmovisión

La obra del psicólogo cognitivo Steven Pinker, nacido en Montreal, en 1954, es un texto cardinal en la actualidad, entre muchas razones porque tiene la virtud que comparten las grandes obras, de no buscar ni el consenso ni el disenso, sino el diálogo permanente e inagotable. En más de mil páginas, el autor nos hace ver que la verdadera interdisciplina del saber sigue vigente para abordar los grandes hitos sociales, culturales, políticos, jurídicos y económicos de nuestro tiempo. Pinker aborda como eje de reflexión lo que bien podríamos llamar el “malestar de la violencia”; es decir, su historia, su construcción y sus consecuencias. Nuestro autor parte de la hipótesis de que estamos viviendo el tiempo menos violento de la historia de la humanidad y que las sociedades son menos agresivas desde que se alejan del ambiente rural y se constituyen en la civilización del primer mundo.

El psicólogo universal rompe con la doctrina del “buen salvaje” de Rousseau que nos decía que “el mal no tiene su origen en la naturaleza sino en las instituciones sociales”, para mostrarnos que sobrevivir en el sangriento siglo XX fue, por mucho, más seguro que hacerlo en una idílica comunidad primitiva. Para ello, Pinker se vale no solo de una prosa accesible y contundente, sino de datos empíricos que muestra en gráficas y estadísticas que suman elementos a su argumentación.

Según el autor, las probabilidades de que surja la violencia se calculan de manera cotidiana a raíz de los ejemplos que se pueden recordar, pero advierte que la memoria está desnivelada y beneficia la retención de incidentes personales “vívidos y tórridos”, lo que explica que recordemos las explosiones y la sangre, pero que no tengamos mentalmente presente a toda la gente que ha muerto en santa paz.

Pinker va más lejos y nos muestra que la mentalidad cambia, que es histórica y sensible a cada época y que ello nos hace más perceptivos a la violencia que persiste. Observa, por ejemplo, que hace 200 años nadie hubiera considerado la pena de muerte como una forma de violencia, le habrían llamado justicia; y al bullying entre los niños lo habrían llamado travesuras. Pero sucede que hoy esto nos preocupa mucho más y por eso observamos más violencia a nuestro alrededor.

Después de sacudirse grandes teorías fundacionales para la comprensión de nuestra sociedad, Steven Pinker insiste en la provocación y nos señala que encontró cinco potencias esenciales pacificadoras: el gobierno, que penaliza la agresión; el comercio, que hace que otras personas sean más valiosas vivas que muertas; el cosmopolitismo, que anima a la gente a ser empática; la feminización, que devalúa al machismo y a las culturas violentas basadas en el honor, y la polinización de la razón, que concibe a la violencia como un problema de inminente resolución.

Vale la pena detenernos en la siguiente reflexión de nuestro autor, quien dice que hay un principio general para los estudiosos de la mente según el cual elMal es psicológicamente más poderoso que el Bien; de ahí que demos más atención y nos afecten más los sucesos malos que los buenos, incluso cuando estos últimos son penetrantes y sintomáticos. Las críticas duelen más de lo que ayudan los elogios, dice Pinker; agrega que nos resulta más fácil imaginarnos en un estado mucho peor que en otro mucho mejor, y que así los “moralistas” y agitadores políticos tienen alicientes para decir que las cosas tienden a ser terribles para argumentar su agravamiento, pues de otra forma, ¿quién los escucharía?

Pinker evoca a Hobbes y a su Leviatán al recordar que “el hombre es el lobo del hombre” para mostrarnos que desde el inicio de su existencia, la humanidad ha estado acompañada por la violencia, a la que cultiva en todos sus ámbitos públicos y privados, individuales y colectivos, propios y ajenos. La violencia es una constante en la historia de la humanidad, que cambia de colores y matices, y que persiste en la esencia del ser como algo cotidiano.

Pinker sostiene que la violencia en nuestro tiempo ha disminuido de manera tajante en relación con nuestro pasado, aunque esto parezca poco creíble. No es ésta una afirmación improvisada, corresponde al análisis riguroso y profundo que el profesor de Harvard se ha impuesto como tarea en la última década.

Desde su aparición, el libro de Pinker ha convocado a numerosos críticos de izquierdas y de derechas porque toca sus intereses cardinales; exalta la violencia como propuesta política, como referente ideológico y como consecuencia de una lucha constante por el poder. Sin embargo, pienso que la obra, más que invalidar la violencia, esa que vivimos cotidianamente, la contextualiza para hacer una reflexión de larga duración, lejos de una imagen instantánea porque aun siendo ésta absolutamente devastadora, el horizonte es más amplio y hay que mirar los procesos y sus instantes.

Pinker nos muestra  en su obra dos ejes que son ineludibles: la violencia y el Estado, y la violencia y la ética, demostrando que no existe el progreso moral como escalada política, se trata de entender que el Estado ha sido el pacificador más sistemático de la convivencia humana. Dicho de otra manera, que los individuos que habitan en un Estado tienen menor posibilidad de morir de una forma violenta, o que a mayor ciudadanización, tenemos más paz; la pacificación es fruto de la congruencia estatal que no se extralimita de sus funciones.

Concluyamos hoy que los ángeles que llevamos dentro son serafines, aquellos que buscan desde el calor y procuran la estabilidad del autocontrol. En nuestro caso, serafines que deambulan en el reino de lo terrenal y que, con prudencia selectiva, se sofocan para coexistir con la violencia.

Moisés Naím: “El fin del poder”

Moisés Naím: “El fin del poder”

El creador de Facebook Mark Zuckerberg, se ha propuesto para este 2015 mejorar su propio hábito de lectura, y hacer que los usuarios de Facebook  nos sumemos a la iniciativa que acaba de proponer: leer un libro cada dos semanas, el reto suena indispensable para los días que vivimos ávidos de nuevas reflexiones que atiendan a nuestra realidad inmediata con profundidad.  De allí,  que hoy hagamos un breve análisis  de la primera lectura  a la que nos convoca Zuckerberg.

Como quien encuentra una puerta que libera en un laberinto, o una ventana en el vacío; el  libro del venezolano Moisés Naím, El fin del poder, da cuenta de la manera en que se ha separado el poder en una inmensidad de factores para explicar que los centros tradicionales son incapaces de conservar su influencia por las presiones internacionales cambiantes, las redes sociales y la circulación incesante del dinero. Así como el llamado “nuevo poder”,  fincado en la aceleración de las masas, la crisis del estado actual, el binomio perverso del poder económico y político así como el rejuego de los empresarios y los grupos sociales.

Sin asumir un tinte ideológico de batalla -lo que enriquece mucho el trabajo- advierte la posible degradación del poder;  las nuevas formas de apropiarse de los ciudadanos para mostrar el sentido del poder de las masas; en una esfera social inacabada.

Para nuestro autor, la democracia no significa, en lo absoluto, gobierno con el consenso del pueblo. Por eso no debemos cansarnos de repetir que las dictaduras que han marcado la historia del siglo XX gozaron por largo tiempo del consenso popular.

Decir que “todo es político” propone la universalidad de las relaciones de fuerza y su esencia en un campo de esta índole; pero además, es plantearse la tarea hasta ahora esbozada, de desenredar esta madeja indefinida.

En El Fin del Poder  se plantea que es más fácil obtener el poder por fuerzas que van desde la tecnología a la demografía, ya que en nuestro tiempo hay una gran cantidad de cosas que hacen que los escudos que siempre han protegido a los poderosos, sean menos protectores.

Para Naím los máximos poderes de nuestro tiempo son: el poder de los medios de comunicación y el poder financiero.  Pues ¿Quién puede negar que existan grandes conglomerados de medios y grandes concentraciones de riqueza en pequeños grupos de personas?

El sistema mismo favorece esta concentración de poder. Tenemos la libertad de pensar y de actuar pero los medios de comunicación mantienen una lucha constante para encasillar a la población en una corriente de pensamiento. Mientras que los políticos del mundo los apoyan impidiendo a las masas el acceso a la educación.

Moisés Naím también advierte que la mayor parte de la población del mundo se encuentra indefensa, carente de poder, del poder de hacerse escuchar y del poder económico. Para mostrarnos que las democracias siguen siendo solamente utopías.

En el libro se hace énfasis en que el poder se obtiene fácilmente y es aún más fácil perderlo, pero es muy difícil usarlo; Naím advierte que lo que sí ha cambiado es que obtener esa capacidad de obligar a otros a hacer algo, se ha vuelto más fácil, pero se pierde más rápido.

En El Fin del Poder se evidencia que las redes sociales son un instrumento, que tienen usuarios, los cuales tienen sentimientos, intereses, valores y perversiones.

Para Moisés Naím, existen tres revoluciones: la revolución del “más”, la revolución de la movilidad y la revolución de la mentalidad. En la revolución del más, vivimos en un mundo de abundancia donde cada día somos más habitantes, más jóvenes, tenemos una economía más grande con más tecnología, más gente viviendo en ciudades y más clase media con mayor bienestar social y material, donde cada día se vuelve más difícil gobernar y controlar un mundo de tanta abundancia.

La revolución de la movilidad se basa en que vivimos en un mundo donde todo se mueve: las ideas, el dinero, la gente, los productos, servicios, las crisis, las pandemias, los mercados y los productos, entre otros muchos.

La revolución de la mentalidad; hoy, vemos cambios en los valores, las expectativas, las aspiraciones y los deseos; pero sobre todo en la forma de pensar y tolerar los fenómenos que antes eran sinónimo de control para quienes tenían el poder. Hoy, prácticamente ya no hay garantías, las personas somos más críticas y exigentes ante el poder.

Podemos decir siguiendo a Naím, que las primeras dos revueltas generan la revolución de la mentalidad, donde el mundo ha cambiado en cuanto a aspiraciones y expectativas.

El autor señala  que se ha dado  la proliferación de micro poderes en las democracias, lo que está generando situaciones en las cuales hay muchos nuevos protagonistas que tienen el suficiente poder para bloquear las cosas, pero nadie tiene el poder de imponer un orden, de poner a funcionar una estrategia de desarrollo, una visión de país.

No hay que perder de vista, que la desintegración excesiva del poder y la discapacidad de los principales actores para ejercer el liderazgo son tan resbaladizas como la congregación del poder en unas pocas manos.  Hay que agregar,  siguiendo al autor, que lo anterior obstaculiza los intentos de acción colectiva para solucionar efectivamente problemas como la propagación nuclear, el cambio climático o la inseguridad cibernética. En este argumento, afirma, surgen demagogos inexpertos y mal intencionados, a quienes denomina terribles simplificadores; sujetos, sujetados o  individuos indivisibles que aprovechan la desilusión y la incertidumbre incitados por las mudanzas rápidas.

La solución, sostiene, es muy espinosa pero indispensable: dar más poder a quienes nos gobiernan, aunque no confiemos en ellos; para ello, los partidos políticos deberán adecuarse a las insuficiencias del siglo XXI.

Naím nos deja una enseñanza: urge cambiar nuestra forma de entender y valorar el poder para ser capaces de desafiar una oleada de innovaciones e improvisaciones, que empezarán desde abajo. Será “caótica y lenta” pero inevitable. Los cambios que se avecinan son un desafío para el Estado actual. ¿Olvidaremos al Estado moderno? ¿Lo conservaremos? Naím ya contestó estas preguntas porque fueron rebasadas y asumidas por la propia sociedad de nuestros días.

Reto Zuckerberg 2015

El creador de Facebook Mark Zuckerberg, se ha propuesto para este 2015 mejorar su propio hábito de lectura, y hacer que los usuarios de Facebook nos sumemos a la iniciativa que acaba de proponer: leer un libro cada dos semanas, el reto suena indispensable para los días que vivimos ávidos de nuevas reflexiones que atiendan a nuestra realidad inmediata con profundidad.

Galardonado al Salón de la Fama 2015

 

 

Cada año la Revista Campaigns &Elections México, premia lo mejor y más destacado de la consultoría política y prácticas gubernamentales, así como aportaciones académicas al ámbito de la comunicación política. El REED LATÍNO, también conocido como el “Oscar de la consultoría política”, se llevará a cabo este año en Cancún, Quintana Roo, México, los días 23 y 24 de Octubre.

Ahí se darán cita lo mejor del marketing político, además de políticos, candidatos y aspirantes a cargos de elección popular no sólo de México, sino de toda Latinoamérica.



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FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

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