Liébano Sáenz

Liébano Sáenz

Ciega obsesión

A la memoria de Sylvia Sánchez de Beltrones, mujer integra 

De distintas formas y con villanos diferentes, el país desde hace tiempo está domiciliado en la polarización. La actual es más insidiosa porque deriva desde el poder y porque situados en los extremos, todos perdemos. Confrontar para dividir quizás sirva para ganar votos, pero no para gobernar y menos para resolver problemas de vieja o reciente factura.

El diferendo del Presidente con el juez que suspendió provisionalmente la aplicación de la reforma eléctrica es un ejemplo. Para algunos, todo lo que hace o dice el Presidente está mal; para otros, el diferendo tiene como origen la resistencia al cambio del ancien regime, incluso una acción de sabotaje al proceso de cambio.

El Presidente tiene derecho a defender su reforma. Incluso, le asiste la facultad para solicitar al Constituyente Permanente el cambio a la Carta Magna; pero no tiene derecho a la calumnia. Que el juez haya resuelto en un sentido contrario al proyecto gubernamental es una diferencia legal que tiene que ventilarse en las instancias y formas establecidas. No hay lugar para poner en entredicho la solvencia moral y profesional del funcionario judicial. Y tampoco se pueden incumplir los acuerdos internacionales sin consecuencias.

Al Presidente de la Corte la polarización lo ha llevado al patíbulo. Es explicable que quienes se sienten alarmados por la sentencia presidencial, que puede apreciarse como un acto de intimidación y una interferencia indebida hacia otro poder, hubieran deseado del ministro una conducta de fajador. Habría sido un error y lo que él hizo fue salvaguardar lo relevante: el principio de autonomía y libertad del juez. Fue lo prudente, aunque es inevitable la polémica y para algunos, su respuesta es suficiente para la hoguera.

Es inexorable romper con la polarización. Que el Presidente dé curso a ésta, no implica que se deba caer en el juego. Alejarse de ella no es claudicación, es tener claro que hay espacios, sujetos, formas, momentos y temas para el debate y el reclamo, pero que se debe rescatar lo mejor de la política: el acuerdo, la concordia y la razón, por encima de las pasiones y la vehemencia de quienes han resuelto mantener o ganar el poder con ciega obsesión.

Gobierno dividido

La normalidad democrática se asocia, sobre todo, a dos resultados derivados de elecciones justas y competidas: la alternancia en el poder y el gobierno dividido. Lo segundo ocurrió en 1997; la primera alternancia en gobiernos locales en 1989, y en el plano nacional en 2000. 2018 interrumpe 21 años de gobiernos sin mayoría legislativa. Para el país y más para la oposición, no es fácil procesar un Congreso totalmente afín al gobierno.

Previendo la falta de equilibrios, la mayoría calificada ha sido el candado para que una fuerza política por sí misma no pueda decidir temas fundamentales, no sólo las reformas constitucionales. Sin embargo, la aprobación del presupuesto, instrumento fundamental del gobierno, y la reforma fiscal, pueden realizarse por mayoría simple.

Llama la atención que la oposición no haga campaña en estas elecciones con el tema fiscal. El Presidente se comprometió a no crear nuevos impuestos durante la primera mitad de su gobierno. Eso implica que lo haría en la segunda mitad, especialmente por la crisis en las finanzas públicas, además de la necesidad de actualizar el marco regulatorio de los ingresos públicos.

Por los modos y formas del actual gobierno, preocupa que tenga mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. La que ha podido construir con sus aliados, le ha servido para aprobar modificar la reforma eléctrica, asunto en manos del Poder Judicial Federal por la vía del juicio de amparo, así como la eliminación de los fideicomisos, la designación de la titular de la CNDH y otras decisiones legislativas muy cuestionables. Ni antes y ahora quizá menos, por el perfil del gobernante, la mayoría legislativa tiene capacidad para contener la voluntad del que despacha y esta vez, además, vive, en Palacio Nacional.

En la circunstancia actual, es preferible una situación de poder dividido. Pero el hecho que el Presidente no tenga una mayoría parlamentaria no significa virtud en sí mismo. Tal situación supone un mayor sentido de responsabilidad de la oposición para evitar la parálisis, y para darle gobernabilidad al país y funcionalidad al Congreso. Sería indispensable un gobierno que escuche y una oposición dispuesta al entendimiento. Para algunos es mucho pedir.

Inferencias, diferencias

“¡Ay de aquellos que creen conocer los sucesos futuros!”

Francisco Zarco

Ante la renovación de la Cámara de Diputados y la relevancia política que representa, hay merecida atención sobre el desenlace. Medios de comunicación con el apoyo de estudios de opinión, han anticipado resultados a partir de medir la intención de voto por partidos políticos en encuestas nacionales.

Más allá de los números y de las posturas políticas sobre lo deseable/indeseable que la coalición gobernante alcance la mayoría absoluta, estimo que la inferencia para una aproximación a la forma como se integraría de la futura Cámara derivada de esos estudios no es válida. Esto por dos consideraciones: las intenciones de voto por partido sin referencia a candidato pierden valor, y este tipo de estudios no considera el efecto de las elecciones locales concurrentes, prácticamente en todo el país.

Los estudios nacionales contrastan con los resultados de encuestas en el nivel local, en donde se identifica condiciones de competencia diferentes, en algunos casos, notoriamente distintas como es el caso de la elección de gobernador de San Luis Potosí, en donde el candidato del PVEM lleva clara ventaja. Hay otros casos de resultados muy cerrados como Sonora y Nuevo León. ¿Qué sucederá, por ejemplo, en Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Oaxaca, entidades con peso electoral relevante y un buen número de distritos? Es difícil anticiparlo sin considerar las contiendas de alcaldes.

Toda vez que el voto diferenciado es bajo, es necesario empezar por aclarar qué influye más ¿el partido o el candidato? ¿la elección a cargo ejecutivo o la elección a cargo legislativo? El candidato cobra relevancia y es evidente que al elector le interesa mucho más quién habrá de gobernarlo a quién habría de representarlo.

Lo anterior significa que la única manera válida para tener idea del perfil de Cámara es realizar encuestas con expresión local y sobre todo, con candidatos. Desde luego que no debe desdeñarse la simpatía o la adhesión a los partidos, pero en las condiciones de esta elección, todo apunta a que la definición tendrá que ver con el metro cuadrado de bienestar que la gente quiere, más que nunca, preservar o mejorar.

Expectativas

Ante las dificultades o la adversidad, nada mejor que las expectativas. La idea de un mejor mañana siempre da para mucho, incluso para ablandar a la indignación o el descontento. En los últimos años hemos transitado vertiginosamente de la inconformidad a la esperanza. El tiempo pasa, y aunque la realidad ya está entre nosotros, es sorprendente que persista todavía y con gran fuerza, la idea de que los tiempos adelante serán mejores.

Más allá de lo que hacen los gobiernos del orbe para dar curso a la esperanza, ya ha pasado más de un año de que el mundo y México han padecido el peor castigo imaginable: la pérdida de libertades para todos y de la salud para muchos por la pandemia, además de cuotas de muerte que en nuestro país se perfilan sobre las doscientos mil y quizás más, por la deficiencia de la contabilidad pública.

Asombra que a pesar de las dificultades persista la esperanza y una valoración positiva a la autoridad nacional. Los programas sociales y las obras de este régimen no dan para tanto, la explicación está en la comunicación y en la habilidad del Presidente de concitar el apoyo de la mayoría a partir de un retrato negativo del pasado y la propuesta de un futuro promisorio a partir sólo del voluntarismo presidencial.

La pandemia con todo su horror persiste. De hecho, se ha agravado en los últimos meses. Sin embargo, la expectativa que genera la vacuna abre la puerta grande a la esperanza, y también al descuido. La campaña de vacunación en México arrancó con dificultades, y la prospectiva es que difícilmente a fin de año vamos a poder avizorar la posibilidad del ansiado regreso a la normalidad.

Lo que esto dice es que la esperanza requiere de optimismo y coraje individual y colectivo para superar la adversidad, pero confiarse a que el tiempo por sí mismo proveerá soluciones, es una mala apuesta y en materia de salud, puede llevar a escenarios peores de los que estamos viviendo.

La política no puede ir a contrapelo de lo que dicta el sentido común. Cuando debiera haber unidad, el encono y la polarización ganan terreno, en unos y otros. Propiciar un clima de confianza será siempre mejor que seguir dedicados a generar expectativas que cada día que pasa parecen más de improbable cumplimiento.

Escrutinio y crítica al poder

Es propio de la democracia eficaz el escrutinio y la crítica. No es justificable que el grupo en el gobierno no atienda con prudencia y con ánimo conciliador las voces independientes y los cuestionamientos de la sociedad. El largo y accidentado recorrido hacia el triunfo, ya en el poder, propicia una mentalidad de guerra. Eso lo explica, pero no justifica el uso excesivo de la propaganda y la actitud hostil a toda expresión que difiera del proyecto en curso.

Lo que a estas alturas no se entiende es la actitud pasiva y medrosa de sectores sociales que se inhiben de hacer valer sus objetivos y causas frente al abuso o los excesos de poder. El país requiere de contrapesos y de expresiones independientes y de oposición. La independencia tiene sus costos y más cuando se acompaña de señalamientos hostiles de quien conduce el país. Aún así debe persistirse, sin ánimo de confrontación. El miedo puede conducirnos al alumbramiento de una sociedad complaciente y silenciosa.

El objetivo no debe ser la tranquilidad del silencio. Es encomiable que intelectuales afines al Presidente participen apoyando al proyecto o a los valores que les animan. De la misma forma, los observadores que no se enmarcan en la geografía partidaria o política de Morena, por su independencia, mucho es lo que aportan al debate nacional. Los opositores tienen el reto de no reeditar a lo que se oponen; la verdad, la honestidad intelectual y el ánimo propositivo deben ser ejes de la discusión pública.

En pocos meses estaremos a la mitad del gobierno de un proyecto político que se comprometió emprender un cambio profundo para erradicar la corrupción y poner en el centro de la mesa la desigualdad social y a los marginados. La pandemia no estaba en el horizonte y esto significa que muy probablemente los propósitos y las intenciones no lleguen a materializarse. Aún así, hay éxitos que se han consolidado como propósito, sobre todo la austeridad y el reivindicar en el discurso y en la ley la igualdad para todos. Debiera incorporarse la legalidad y la certeza de derechos y, sobre todo, que lo que se prometa se cumpla o al menos, sin demagogia de por medio, se intente cumplir.

Las libertades

La libertad es atributo necesario de ciudadanía. La construcción democrática ha sido un largo proceso. Su expresión electoral fue eje relevante. Así, se llegó primero a la situación de gobierno dividido en 1997 y tres años después a la alternancia en la Presidencia. Antes, en 1996, los órganos electorales adquirieron autonomía plena, se democratizó la entidad corazón de nuestro país y se estableció un régimen de equidad a través de las prerrogativas.

El proceso de desarrollo político no ha sido lineal, incluso ha habido retrocesos como la reforma de 2007, que anuló libertades ciudadanas fundamentales y pretendió hacer de las elecciones cuestión de partidos, gobierno y candidatos, no de ciudadanos.

A pesar de los avances significativos, la democracia mexicana no ha desarrollado una cultura ciudadana plena, precisamente por el desdén a las libertades. Es difícil que una democracia florezca y se fortalezca sin ciudadanos informados, que cumplan con sus obligaciones, pero también demandantes y exigentes de lo que hacen sus autoridades y representantes. El problema no es de ahora con este gobierno de magros resultados y elevado respaldo popular; también ha estado en el pasado. La democracia no se resuelve sólo con elecciones justas, también requiere de participación ciudadana permanente, de una actitud consecuente con los derechos y obligaciones de las personas, de una vigorosa libertad de expresión y de un debate público a manera de ejercer escrutinio a cualquier expresión o forma de poder.

Las redes sociales son lo nuevo y, por lo mismo, sí hay temas genuinos de atención al respecto, aquí y en el mundo. Coincido con la postura sobre la inconveniencia o los peligros de regularlas y todavía más, trasladarlas al régimen de los medios concesionados en telecomunicaciones. Las redes y sus empresas plantean retos que deben abordarse para potenciar sus fortalezas significativas y mitigar sus debilidades o riesgos, igualmente relevantes.

Por lo pronto, lo más razonable y constructivo es abrir un debate de genuina y honesta discusión, con información seria a manera de comprender la red y su comportamiento, para así potenciar las libertades que encarna la revolución tecnológica signo de nuestros tiempos.

Derecho al optimismo

En estos momentos tan difíciles e inciertos, invocar el optimismo es para algunos dar permiso al engaño. No necesariamente. Más aún, creo que la falta de este talante en las condiciones que padecemos puede dar pie a que se dificulte identificar con claridad las posibilidades de superación personal, familiar y comunitaria. Ser optimista no significa subestimar la situación; ser optimista es invocar la energía y la actitud para salir adelante en medio de la adversidad.

El Presidente López Obrador al momento de anunciar su recuperación dio un mensaje optimista a los mexicanos. Soy de los muchos que piensa que su reincorporación es una muy buena noticia para la conducción del país y que como Presidente de todos los mexicanos, al reintegrarse a sus actividades, es deseable que asuma una conducta de forma y fondo alejada del encono y de la polarización.

El optimismo, para eludir el engaño, debe ser realista sobre la situación presente y futura. No es retórica triunfalista a contrapelo de la realidad. Las condiciones del país se han deteriorado severamente a consecuencia de la pandemia. Todavía peor, la vacunación no genera resultados inmediatos, ni siquiera para los países que han cumplido exitosamente con un programa masivo de inoculación. En México será un proceso lento y el Presidente, no su científico adjunto, ha tenido la sensatez de invitar al sector privado y a los gobiernos estatales a sumarse a esta empresa a manera de avanzar lo más rápido posible.

La recuperación de la economía es tarea conjunta del Estado y de los empresarios y trabajadores. Los datos de la economía norteamericana son alentadores y gradualmente allá irá ganando terreno la normalidad, aquí el gobierno debe alentar la inversión. Para ello es necesario la confianza, que descansa en la certeza de derechos. La preocupación empresarial en torno a las iniciativas legislativas, deben apreciarse bajo ese ángulo, de otra manera el país continuará dando vueltas en círculo, perdiendo terreno en la atracción de capitales indispensables para el crecimiento y el bienestar.

El derecho al optimismo necesariamente debe estar acompañado del esfuerzo y la responsabilidad. Tarea de cada uno y, desde luego, de nuestras autoridades y representantes.

La mayor prioridad

El país transita por días particularmente difíciles y desafiantes. La gestión gubernamental de la crisis sanitaria ha dejado mucho qué desear; los resultados hablan por sí mismos. El inicio de año se avizoraba prometedor a partir de las vacunas contra el COVID-19. Los programas de vacunación inician con lentitud en casi todo el mundo, por lo que vienen semanas, quizás meses particularmente adversos. Las excepciones son Israel, con resultados sorprendentes, Emiratos Árabes, Inglaterra y Estados Unidos. La producción de vacunas y su equitativa distribución es el tema.

En este entorno, ya de por sí muy complicado, el contagio del Presidente López Obrador es un asunto de la mayor importancia. Mi deseo es que tenga pronta y plena recuperación, como ha sucedido con todos los jefes de gobierno que se han contagiado.

La competencia electoral llega en el momento de agravamiento de los contagios. 14 entidades están en foco rojo. Los fallecimientos diarios se cuentan por miles en las discutibles cifras oficiales. Hay polémica sobre la calidad de las vacunas. No es un tema menor, que el gobierno alemán haya presentado sus reservas de aplicar la de AstraZeneca a mayores de 65 años. La COFEPRIS debe actuar con rigor, sin prisa, a pesar de la presión por dar paso a las inmunizaciones masivas.

La magnitud de las dificultades convoca a la prudencia. Lo que está de por medio es mucho más que una elección. La mesura es tarea de todos. Esto no debe significar que se interrumpa el proselitismo, la crítica o el debate. Pero también hay que dar espacio a la razón y al cuidado de lo que sostiene a la democracia como son las libertades, la coexistencia de la diversidad y las instituciones que organizan las elecciones y resuelven las diferencias.

El Presidente habrá de recuperarse pronto, como lo anticipa su mensaje de ayer viernes y con ello se reanudará su presencia pública. El país espera que con la mejoría del Presidente y la evidencia ya incuestionable de la realidad trágica que revelan las cifras oficiales de los contagios y la pérdida de vidas, se aborde con mayor acierto la crisis y sus secuelas, así como las acciones para proceder a la vacunación masiva y segura de los mexicanos. Hoy por hoy, esa es la mayor prioridad.

Lidiando con el vecino

La relación bilateral ha cambiado de manera significativa a partir de la suscripción del acuerdo comercial. Las cifras de inversión, comercio y migración hablan por sí mismas. La diplomacia también ha evolucionado. El tema de seguridad regional y fronteriza plantea desafíos mayores que deben ser atendidos y resueltos en el marco de colaboración. No hay lugar a la desconfianza, tampoco a acciones unilaterales que compliquen el entendimiento.

Un nuevo gobierno plantea una nueva agenda y nuevos términos de la relación. Sin duda, significan una oportunidad. El gobierno mexicano debe mantener la iniciativa en el cumplimiento del acuerdo comercial no como expresión retórica, sino de estricta observancia de las reglas y principios que contiene. Es evidente que el cambio obliga al cuidado de los valores de certeza, legalidad y corresponsabilidad.

La esperada recuperación económica del vecino necesariamente habrá de repercutir en México, así como los programas de apoyo a empresas, instituciones y personas. Sin embargo, se avizoran tensiones en el ámbito sanitario. El nuevo gobierno se plantea metas muy ambiciosas en el programa de vacunación y tiene con qué. Es muy probable que en cuatro meses estén vacunados más de 120 millones de norteamericanos. Al día lleva más de 16.5 millones de vacunas aplicadas, número que es lo que México se ha planteado como una ambiciosa meta para finales de marzo. Aquí se han aplicado 550 mil. La curva de contagio disminuirá pronto en el vecino, no en México y eso tendrá muchas implicaciones, la cuarentena a visitantes es el principio.

Es alentadora la postura del nuevo gobierno en el tema migratorio. Los derechos humanos recuperan el lugar que les merece, así como un trato humanitario al migrante. El gobierno mexicano no debe bajar la guardia para el control y seguridad fronterizas. Sería conveniente trasladar a la frontera sur el blindaje del norte a manera de dar respuesta, más que al tema de migrantes de otros países, lo que debe preocupar al vecino: contención del ingreso de terroristas y del traslado de armas de destrucción masiva y, para México, el freno al narcotráfico, la trata de blancas y el comercio de armas.

La determinación de la Fiscalía

La determinación de la FGR sobre la inocencia del general Salvador Cienfuegos es un acto de la mayor relevancia. La acusación sobre un ex Secretario de la Defensa Nacional implica no sólo al conjunto de las fuerzas armadas, sino al Estado mexicano y al país mismo. Era necesario esclarecer el caso a partir de la disposición de las autoridades norteamericanas, de regresar al detenido y, especialmente, de facilitar a la autoridad local el expediente sobre el que se sustentaba la inculpación.

La Fiscalía cumplió. No sólo verificó la veracidad de lo investigado en el país por la DEA, sino que amplió las indagatorias. El señalamiento de que no existe evidencia sobre enriquecimiento inexplicable del General, no sólo da cuenta de su inocencia respecto a lo señalado por las autoridades norteamericanas, sino de su probidad como servidor público.

La oportunidad se deriva de la conveniencia de que el caso se desahogara, especialmente si iba a haber una descalificación de la acusación norteamericana, antes del arribo de una nueva administración federal. La relación bilateral ha entrado a un ciclo de tensión y que una determinación tan delicada hubiera tenido lugar al inicio del nuevo gobierno, pudiera ser mal interpretada.

El Presidente de la República debe hacer su parte para fortalecer la relación bilateral en todos los frentes, en el marco de un nuevo contexto nacional e internacional que exige compromisos compartidos y sobre todo, respeto al estado de derecho. La detención del General Cienfuegos fue un grave precedente, especialmente porque las indagatorias tuvieron lugar al margen del marco de colaboración y seguramente con acciones contrarias a nuestro marco legal.

El deseo presidencial de dar acceso público al expediente se explica por la convicción del mandatario sobre la seriedad con la que actuó la Fiscalía y su compromiso con la transparencia. Sin embargo, una vez publicado, es necesario valorar lo que establecen las leyes de ambos países y los efectos que pudiera tener en la colaboración bilateral el hacer públicas acciones que normalmente deben mantenerse en sigilo por razones de seguridad y para no dar ventaja al crimen organizado.

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FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

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