reseña libros zuckerberg 2015

reseña libros zuckerberg 2015 (2)

04Nov2015

Steve Pinker: “Los ángeles que llevamos dentro”

Me he propuesto seguir el reto que Mark Zuckerberg ha lanzado a los usuarios de Facebook en este 2015: leer un libro cada dos semanas. Sin duda, un desafío indispensable en estos tiempos y en esta sociedad ávida de nuevas reflexiones que respondan cabalmente a nuestra realidad inmediata. Es por ello que busco en este espacio hacer breves reflexiones de las lecturas a las que Zuckerberg nos invita como parte de un proyecto que nos lleva a todos a pensar desde una perspectiva intergeneracional, global y multidisciplinaria. En esta hora de “aparente fragmentación“, hiperespecialización del conocimiento y fin de ideologías, nos planteamos análisis horizontales de nuestro mundo actual y de nuestra vida cotidiana. La primera reflexión fue sobre el libro de Moisés Naím, El fin del Poder, y se puede revisar en https://liebanosaenz.wordpress.com/2015/01/18/el-fin-del-poder/

Ahora, en esta entrega, la reseña corresponde a la segunda recomendación de Zuckerberg: Los ángeles que llevamos dentro, en el que Steven Pinker advierte que “desde que Adán y Eva se comieron la manzana, Ulises se hizo atar al mástil, la cigarra cantaba mientras la hormiga guardaba comida y San Agustín rezaba: ‘Señor hazme casto, pero todavía no’, los individuos han forcejeado con el autocontrol. Esta genial síntesis de la llamada “cultura occidental”, por provocativa, me impactó, pues ya muestra el ideal en el que se construyó nuestra cosmovisión

La obra del psicólogo cognitivo Steven Pinker, nacido en Montreal, en 1954, es un texto cardinal en la actualidad, entre muchas razones porque tiene la virtud que comparten las grandes obras, de no buscar ni el consenso ni el disenso, sino el diálogo permanente e inagotable. En más de mil páginas, el autor nos hace ver que la verdadera interdisciplina del saber sigue vigente para abordar los grandes hitos sociales, culturales, políticos, jurídicos y económicos de nuestro tiempo. Pinker aborda como eje de reflexión lo que bien podríamos llamar el “malestar de la violencia”; es decir, su historia, su construcción y sus consecuencias. Nuestro autor parte de la hipótesis de que estamos viviendo el tiempo menos violento de la historia de la humanidad y que las sociedades son menos agresivas desde que se alejan del ambiente rural y se constituyen en la civilización del primer mundo.

El psicólogo universal rompe con la doctrina del “buen salvaje” de Rousseau que nos decía que “el mal no tiene su origen en la naturaleza sino en las instituciones sociales”, para mostrarnos que sobrevivir en el sangriento siglo XX fue, por mucho, más seguro que hacerlo en una idílica comunidad primitiva. Para ello, Pinker se vale no solo de una prosa accesible y contundente, sino de datos empíricos que muestra en gráficas y estadísticas que suman elementos a su argumentación.

Según el autor, las probabilidades de que surja la violencia se calculan de manera cotidiana a raíz de los ejemplos que se pueden recordar, pero advierte que la memoria está desnivelada y beneficia la retención de incidentes personales “vívidos y tórridos”, lo que explica que recordemos las explosiones y la sangre, pero que no tengamos mentalmente presente a toda la gente que ha muerto en santa paz.

Pinker va más lejos y nos muestra que la mentalidad cambia, que es histórica y sensible a cada época y que ello nos hace más perceptivos a la violencia que persiste. Observa, por ejemplo, que hace 200 años nadie hubiera considerado la pena de muerte como una forma de violencia, le habrían llamado justicia; y al bullying entre los niños lo habrían llamado travesuras. Pero sucede que hoy esto nos preocupa mucho más y por eso observamos más violencia a nuestro alrededor.

Después de sacudirse grandes teorías fundacionales para la comprensión de nuestra sociedad, Steven Pinker insiste en la provocación y nos señala que encontró cinco potencias esenciales pacificadoras: el gobierno, que penaliza la agresión; el comercio, que hace que otras personas sean más valiosas vivas que muertas; el cosmopolitismo, que anima a la gente a ser empática; la feminización, que devalúa al machismo y a las culturas violentas basadas en el honor, y la polinización de la razón, que concibe a la violencia como un problema de inminente resolución.

Vale la pena detenernos en la siguiente reflexión de nuestro autor, quien dice que hay un principio general para los estudiosos de la mente según el cual elMal es psicológicamente más poderoso que el Bien; de ahí que demos más atención y nos afecten más los sucesos malos que los buenos, incluso cuando estos últimos son penetrantes y sintomáticos. Las críticas duelen más de lo que ayudan los elogios, dice Pinker; agrega que nos resulta más fácil imaginarnos en un estado mucho peor que en otro mucho mejor, y que así los “moralistas” y agitadores políticos tienen alicientes para decir que las cosas tienden a ser terribles para argumentar su agravamiento, pues de otra forma, ¿quién los escucharía?

Pinker evoca a Hobbes y a su Leviatán al recordar que “el hombre es el lobo del hombre” para mostrarnos que desde el inicio de su existencia, la humanidad ha estado acompañada por la violencia, a la que cultiva en todos sus ámbitos públicos y privados, individuales y colectivos, propios y ajenos. La violencia es una constante en la historia de la humanidad, que cambia de colores y matices, y que persiste en la esencia del ser como algo cotidiano.

Pinker sostiene que la violencia en nuestro tiempo ha disminuido de manera tajante en relación con nuestro pasado, aunque esto parezca poco creíble. No es ésta una afirmación improvisada, corresponde al análisis riguroso y profundo que el profesor de Harvard se ha impuesto como tarea en la última década.

Desde su aparición, el libro de Pinker ha convocado a numerosos críticos de izquierdas y de derechas porque toca sus intereses cardinales; exalta la violencia como propuesta política, como referente ideológico y como consecuencia de una lucha constante por el poder. Sin embargo, pienso que la obra, más que invalidar la violencia, esa que vivimos cotidianamente, la contextualiza para hacer una reflexión de larga duración, lejos de una imagen instantánea porque aun siendo ésta absolutamente devastadora, el horizonte es más amplio y hay que mirar los procesos y sus instantes.

Pinker nos muestra  en su obra dos ejes que son ineludibles: la violencia y el Estado, y la violencia y la ética, demostrando que no existe el progreso moral como escalada política, se trata de entender que el Estado ha sido el pacificador más sistemático de la convivencia humana. Dicho de otra manera, que los individuos que habitan en un Estado tienen menor posibilidad de morir de una forma violenta, o que a mayor ciudadanización, tenemos más paz; la pacificación es fruto de la congruencia estatal que no se extralimita de sus funciones.

Concluyamos hoy que los ángeles que llevamos dentro son serafines, aquellos que buscan desde el calor y procuran la estabilidad del autocontrol. En nuestro caso, serafines que deambulan en el reino de lo terrenal y que, con prudencia selectiva, se sofocan para coexistir con la violencia.

04Nov2015

Moisés Naím: “El fin del poder”

El creador de Facebook Mark Zuckerberg, se ha propuesto para este 2015 mejorar su propio hábito de lectura, y hacer que los usuarios de Facebook  nos sumemos a la iniciativa que acaba de proponer: leer un libro cada dos semanas, el reto suena indispensable para los días que vivimos ávidos de nuevas reflexiones que atiendan a nuestra realidad inmediata con profundidad.  De allí,  que hoy hagamos un breve análisis  de la primera lectura  a la que nos convoca Zuckerberg.

Como quien encuentra una puerta que libera en un laberinto, o una ventana en el vacío; el  libro del venezolano Moisés Naím, El fin del poder, da cuenta de la manera en que se ha separado el poder en una inmensidad de factores para explicar que los centros tradicionales son incapaces de conservar su influencia por las presiones internacionales cambiantes, las redes sociales y la circulación incesante del dinero. Así como el llamado “nuevo poder”,  fincado en la aceleración de las masas, la crisis del estado actual, el binomio perverso del poder económico y político así como el rejuego de los empresarios y los grupos sociales.

Sin asumir un tinte ideológico de batalla -lo que enriquece mucho el trabajo- advierte la posible degradación del poder;  las nuevas formas de apropiarse de los ciudadanos para mostrar el sentido del poder de las masas; en una esfera social inacabada.

Para nuestro autor, la democracia no significa, en lo absoluto, gobierno con el consenso del pueblo. Por eso no debemos cansarnos de repetir que las dictaduras que han marcado la historia del siglo XX gozaron por largo tiempo del consenso popular.

Decir que “todo es político” propone la universalidad de las relaciones de fuerza y su esencia en un campo de esta índole; pero además, es plantearse la tarea hasta ahora esbozada, de desenredar esta madeja indefinida.

En El Fin del Poder  se plantea que es más fácil obtener el poder por fuerzas que van desde la tecnología a la demografía, ya que en nuestro tiempo hay una gran cantidad de cosas que hacen que los escudos que siempre han protegido a los poderosos, sean menos protectores.

Para Naím los máximos poderes de nuestro tiempo son: el poder de los medios de comunicación y el poder financiero.  Pues ¿Quién puede negar que existan grandes conglomerados de medios y grandes concentraciones de riqueza en pequeños grupos de personas?

El sistema mismo favorece esta concentración de poder. Tenemos la libertad de pensar y de actuar pero los medios de comunicación mantienen una lucha constante para encasillar a la población en una corriente de pensamiento. Mientras que los políticos del mundo los apoyan impidiendo a las masas el acceso a la educación.

Moisés Naím también advierte que la mayor parte de la población del mundo se encuentra indefensa, carente de poder, del poder de hacerse escuchar y del poder económico. Para mostrarnos que las democracias siguen siendo solamente utopías.

En el libro se hace énfasis en que el poder se obtiene fácilmente y es aún más fácil perderlo, pero es muy difícil usarlo; Naím advierte que lo que sí ha cambiado es que obtener esa capacidad de obligar a otros a hacer algo, se ha vuelto más fácil, pero se pierde más rápido.

En El Fin del Poder se evidencia que las redes sociales son un instrumento, que tienen usuarios, los cuales tienen sentimientos, intereses, valores y perversiones.

Para Moisés Naím, existen tres revoluciones: la revolución del “más”, la revolución de la movilidad y la revolución de la mentalidad. En la revolución del más, vivimos en un mundo de abundancia donde cada día somos más habitantes, más jóvenes, tenemos una economía más grande con más tecnología, más gente viviendo en ciudades y más clase media con mayor bienestar social y material, donde cada día se vuelve más difícil gobernar y controlar un mundo de tanta abundancia.

La revolución de la movilidad se basa en que vivimos en un mundo donde todo se mueve: las ideas, el dinero, la gente, los productos, servicios, las crisis, las pandemias, los mercados y los productos, entre otros muchos.

La revolución de la mentalidad; hoy, vemos cambios en los valores, las expectativas, las aspiraciones y los deseos; pero sobre todo en la forma de pensar y tolerar los fenómenos que antes eran sinónimo de control para quienes tenían el poder. Hoy, prácticamente ya no hay garantías, las personas somos más críticas y exigentes ante el poder.

Podemos decir siguiendo a Naím, que las primeras dos revueltas generan la revolución de la mentalidad, donde el mundo ha cambiado en cuanto a aspiraciones y expectativas.

El autor señala  que se ha dado  la proliferación de micro poderes en las democracias, lo que está generando situaciones en las cuales hay muchos nuevos protagonistas que tienen el suficiente poder para bloquear las cosas, pero nadie tiene el poder de imponer un orden, de poner a funcionar una estrategia de desarrollo, una visión de país.

No hay que perder de vista, que la desintegración excesiva del poder y la discapacidad de los principales actores para ejercer el liderazgo son tan resbaladizas como la congregación del poder en unas pocas manos.  Hay que agregar,  siguiendo al autor, que lo anterior obstaculiza los intentos de acción colectiva para solucionar efectivamente problemas como la propagación nuclear, el cambio climático o la inseguridad cibernética. En este argumento, afirma, surgen demagogos inexpertos y mal intencionados, a quienes denomina terribles simplificadores; sujetos, sujetados o  individuos indivisibles que aprovechan la desilusión y la incertidumbre incitados por las mudanzas rápidas.

La solución, sostiene, es muy espinosa pero indispensable: dar más poder a quienes nos gobiernan, aunque no confiemos en ellos; para ello, los partidos políticos deberán adecuarse a las insuficiencias del siglo XXI.

Naím nos deja una enseñanza: urge cambiar nuestra forma de entender y valorar el poder para ser capaces de desafiar una oleada de innovaciones e improvisaciones, que empezarán desde abajo. Será “caótica y lenta” pero inevitable. Los cambios que se avecinan son un desafío para el Estado actual. ¿Olvidaremos al Estado moderno? ¿Lo conservaremos? Naím ya contestó estas preguntas porque fueron rebasadas y asumidas por la propia sociedad de nuestros días.

Lo Reciente en GCE

Ciudades más Habitables 2019

Jóvenes en México

FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

Contactame
Go to top