La unidad de los mexicanos, especialmente en los temas de interés nacional, siempre será deseable. Un país con capacidad de unirse, supera problemas y logra anhelos con mayor facilidad que un país dividido o fragmentado. La idea de la democracia es precisamente, definir los espacios de diferencia y desencuentro de aquellos en los que debe prevalecer un sentido único.

El momento del país llama a la unidad. Al menos dos de los desafíos fundamentales e inmediatos así lo exigen: el combate a la inseguridad y la relación con el presidente Trump y su gobierno. Respecto a lo primero, se ha dicho con insistencia que la lucha contra el crimen requiere de un mayor nivel de compromiso social para atacar al problema desde sus orígenes. Desde luego que son necesarios los policías, una estructura legal y la capacidad para sancionar ejemplarmente a quien se aparta de la ley, pero también es imprescindible la denuncia y como política preventiva, la participación social.

Por el otro lado, las ostensibles pretensiones electorales del presidente Trump pueden impactar negativamente el bienestar de los mexicanos al imponer un modelo de política migratoria o de seguridad bajo la amenaza de aranceles a las exportaciones, una iniciativa a la medida de los prejuicios de quien ahora es presidente y quien ve amenazado su deseo de reelección. Más allá del problema migratorio y la necesidad de ponerle orden, la postura del presidente Trump de utilizar el comercio y las facultades de excepción que tiene en materia internacional que le permiten actuar sin intervención del Congreso, son una amenaza a la buena vecindad entre ambos países.

Frente a dicha circunstancia, mal haríamos, gobierno y sociedad, en minimizar el riesgo. Las autoridades mexicanas necesitan del apoyo de todos para lo que pueda suceder. Si prevaleciera el sentido común y una postura razonable, se estaría hablando más de cooperación para resolver los problemas compartidos, como es la migración ilegal, que utilizar la intimidación como medio para querer imponernos su sentido de lo que se debe hacer.

Aunque a algunos no les guste el estilo de verbalizarlo, es de reconocer que el presidente López Obrador ha tenido el temple para no caer en la provocación. El canciller Ebrard y quienes le acompañan en las negociaciones han mostrado habilidad para promover un acuerdo razonable en la materia y persuadir al gobierno norteamericano de desistirse de medidas unilaterales y de presión, como es la imposición de los aranceles a las exportaciones mexicanas en el marco del libre comercio.

El buen resultado del diálogo no depende ni de lo razonable ni de lo conveniente, y aunque siempre estarán las instancias multilaterales para hacer valer los derechos de las naciones, la opción no siempre resulta eficaz puesto que EU se ha resistido a éstas, y más ahora con un personaje como Trump en la presidencia. Ciertamente, la postura del presidente norteamericano atiende a consideraciones ajenas al sentido de responsabilidad y prudencia. Sin embargo, en cualquier momento, con y sin esta amenaza, no debe desdeñarse que es una necesidad de México como Estado soberano, enviar un mensaje claro de contención a la migración ilegal, no como concesión impuesta por el vecino, sino como expresión de política interna y compromiso con la legalidad que pueda dar certeza y confianza a la imagen del país.

Las causas sociales que motivan los flujos migratorios no deben inhibir a los estados nacionales a imponer límites, normas y restricciones. La presión migratoria de muchas partes del mundo, no solo de Centroamérica, ha crecido recientemente. México debe mantener una postura ante la comunidad internacional de que no puede ser territorio de libre tránsito para quienes pretenden llegar al país vecino, y ese debería ser, sin más, un principio de política interna que debe tener expresión en políticas públicas.

Lo relevante del reto que vivimos es que el país demanda unidad frente al desafío actual. No obstante, el acto en Tijuana no se corresponde en forma y fondo a la solución que se pretende llegar y que se necesita. La unidad y el apoyo debe acreditarse, sin embargo, hubiere sido mejor un acto de corte republicano en lugar del formato al que se convocó, el cual parece más bien una respuesta política a un problema de Estado.

La unidad interna de los mexicanos es fundamental no solo para lograr el acuerdo de ir juntos como país en la defensa del país, sino para hacer valer la cohesión social si los resultados no son los deseables o esperados. Unidad para alcanzar los logros y también para, si ese fuera el caso, enfrentar la adversidad. Insisto, no es menor lo que estamos requiriendo en estas horas como país; se trata, ni más ni menos, de la necesidad de unirnos con el presidente López Obrador como representante del Estado mexicano, en este esfuerzo de enfrentar el mayor desafío que haya tenido la diplomacia nacional desde la expropiación petrolera.

Hay que decirlo muy claro: en estas horas no debería existir espacio al regateo ni al condicionamiento de la unidad.

Rate this item
(0 votes)

Lo Reciente en GCE

Ciudades más Habitables 2018

Jóvenes en México

FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

Contactame
Go to top