Muy pronto el gobierno de la 4T habrá de llegar a la mitad de su gestión. Existe la sensación de una oportunidad perdida. Algo semejante a lo que ocurrió con la primera alternancia. Las expectativas incumplidas de aquel entonces fueron responsabilidad de quien ganó y de quienes perdieron. La oposición mantuvo control del Congreso y de la abrumadora mayoría de los estados. Lo menos que se puede decir es que aquella generación no entendió la oportunidad del cambio.

Lo de ahora es diferente. La responsabilidad se centra en el equipo ganador. El triunfo en las urnas fue abrumador; significó un sólido piso de legitimidad del Presidente y una amplia mayoría en el Congreso.

La pandemia ha tenido y tendrá impacto significativo en los resultados. Sin embargo, se pueden advertir insuficiencias, omisiones y errores que de cualquier manera hubieran impactado negativamente el balance del gobierno.

Comparto la idea sobre la necesidad de un cambio profundo. Sin embargo, estimo que el eje de la transformación debió haber sido la legalidad. Para el cambio que el país requiere no hay coartadas. Debe erigirse no en el voluntarismo sino en un cambio a través de las instituciones. Acreditar la legalidad conlleva romper con la impunidad que ha pervertido la transformación, ha envilecido la política y debilitado al Estado en su capacidad de proveer justicia, paz y bienestar.

Toda transformación requiere de visión y liderazgo. Por tradición, cultura y régimen de gobierno esto se deposita en la presidencia de la República. Sin embargo, el protagonismo presidencial sin brújula o asideros en la realidad invariablemente ha llevado al desencanto si no es que al fracaso.

El recurso más escaso en la política es el tiempo. El problema es que esto no se aprecia desde el poder hasta que ha avanzado el ciclo del ejercicio. Lo que viene adelante será la recuperación y es deseable, una vez resuelta la elección intermedia, que el país transite hacia la concordia y al entendimiento. No es fácil y hay razones sobradas para el escepticismo. Se debe romper con la polarización que deviene del poder y de la frustración social. El país no es un gobierno ni un partido, somos todos. El tiempo nuestro trasciende al de una gestión.

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FeradoAbogado, administrador y analista político nacido en Chihuahua, México; Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de México y estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas Leer más...

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