2015: El Reto “Un año de libros” en Facebook

No todos los incendios son iguales: hay unos peores que otros. Por ejemplo, convertir un libro en cenizas es terrible. Como decía Heinrich Heine, “allí donde se queman libros, también arderán los hombres”. Los regímenes totalitarios han demostrado ser expertos en la quema de libros. Así, podemos encontrar esta práctica en la Alemania nazi, la España de Franco, la Argentina de Videla y la China de Mao. Hace no más de seis meses ¡en pleno 2015! el Estado Islámico, en Iraq, incendió más de ocho mil libros. Desaparecer las ideas de los otros es el objetivo de la quema de libros.

Pero no sólo debe preocupar la barbarie del Estado Islámico; más cerca de nosotros, hay bibliotecas vacías, librerías en quiebra. No sólo quemamos libros con fuego. También los hacemos cenizas cuando los olvidamos en el estante, en el librero. Ver un libro lleno de polvo resulta casi tan deprimente como verlo quemado.

Por ello, decidí aceptar el reto ‘Un año de libros’, propuesto por el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, a principios de 2015. Este reto consistía en leer un libro cada dos semanas. Desde el principio, la idea me pareció sensacional, pues además de ser una iniciativa que promovía la lectura, el desafío se tornaba interesante por la persona que lo proponía.

Si hay alguien que revolucionó la manera en la que nos relacionamos como especie es, sin duda, Mark Zuckerberg. Las redes sociales, como Facebook, actualmente, han tomado un papel fundamental en nuestra vida. La primavera árabe, las selfies y las relaciones sentimentales actuales no se pueden explicar sin agregar el factor Zuckerberg o el concepto Facebook.

Además, ‘un año de libros’ representaba una oportunidad invaluable de analizar políticamente a una de las personas más poderosas del mundo. La potestad que detenta Mark Zuckerberg es impresionante. A través de Facebook, Zuckerberg puede obtener información de más de 1, 650 millones de personas. Nada más. Nada menos.

En política no hay coincidencias. Zuckerberg quería decirnos algo, tenía la intención de exponernos a través de los libros ciertas propuestas políticas. Por ello, el reto adquiría mayor relevancia. Seguirle la pista a través de sus lecturas a uno de los hombres más poderosos del planeta resultaba incitante.

Pero ¿Qué mensaje nos envió Zuckerberg? ¿Qué propuestas políticas se pueden desprender de ‘Un año de libros’? Después de realizar el reto, puedo decir que la propuesta de Zuckerberg, sin lugar a dudas, es de corte liberal. Estamos ante un demócrata que cree en las libertades individuales. A través de los textos fue posible descubrir en el CEO de Facebook a un creyente del libre mercado, los derechos humanos y la racionalidad. Pero también observamos a una persona que se preocupa por la pobreza, la desigualdad y la discriminación.

Por sus lecturas, Zuckerberg podría catalogarse como un hombre que valora las libertades económicas, aunque no vemos en él a un neoliberal a ultranza, pues no estamos hablando de Reagan o Thatcher. Más bien, Zuckerberg parece un hombre que busca un punto medio.

Ni neoliberalismo ni Estado de bienestar. Los dos han demostrado sus fallas. Es tiempo de plantear un nuevo mundo, una nueva realidad. Dejemos los blancos y negros. No todo es libre mercado ni todo es papá gobierno.

En este sentido, es importante mencionar que Mark Zuckerberg seleccionó muy buenos textos. No se limitó a escoger cualquier libro que hablara sobre política, pobreza o desigualdad. Por el contrario, es evidente que se tomó el tiempo necesario para escoger las obras más importantes de cada área. Así, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de leer a grandes economistas y teóricos políticos como Moisés Naím, Henry M. Paulson, Daryl Collins, James A. Robinson, Daron Acemoglu y Henry Kissinger.

‘Un año de libros’ no sólo fue una discusión sobre política, economía y pobreza. También hubo mucha ciencia. Se habló de química, biología, genética y física. Zuckerberg no sólo demostró que es una persona preocupada por los problemas sociales. También nos reveló la importancia que tiene la ciencia en la vida cotidiana.

De igual modo, los textos de ciencia recomendados por Zuckerberg, en su mayoría, fueron excepcionales. En ‘Un año de libros’ tuvimos el placer de leer a grandes científicos como Vaclav Smil, Matt Ridley o David Deutsch. Es interesante, en este contexto, comentar que Matt Ridley fue el único autor que Mark Zuckerberg decidió repetir. David Deutsch y su obra El comienzo del infinito se lee aparte. Me pareció el más excepcional de los autores leídos y la obra más impresionante por su profundidad teórica y su propuesta practica para atrapar el conocimiento, decostruirlo y volverlo a formar. Zuckerberg con Deutsch, nos convoca a conocer los caminos del llamado “optimismo racional”, una propuesta que no hay que perder de vista en el contexto que habitamos donde se produce mucha filosofía chatarra, encubierta en la idea de los vacuos textos de autoayuda.

En este reto también nos dimos la oportunidad de leer novelas de ciencia ficción. Es evidente que Zuckerberg es un fanático de estas historias. Pero lo interesante fue que no leímos a los clásicos de la ciencia ficción. Autores como Isaac Asimov, George Orwell o Julio Verne cedieron su lugar a nuevos escritores con propuestas diferentes, novedosas, actuales. Así, pudimos leer El jugador de Ian Banks y El problema de los tres cuerpos de Lui Cixin.

Mark Zuckerberg también dejó entrever su vena de empresario durante ‘Un año de libros’. Así, revisamos algunos textos que hablaban sobre los emprendedores, la vida en las empresas privadas y la eficiencia corporativa. Fue un deleite leer Creatividad S.A. de Ed Catmull y La fábrica de ideas de Jon Gertner.

Hasta ahora hemos recapitulado varias de las ideas que nos dejó ‘Un año de libros’. Sin embargo, todavía falta una. Y es la más importante: Zuckerberg nos demostró que todo el mundo puede leer. No podemos ir por la vida diciendo que no tenemos tiempo para leer. Si Mark Zuckerberg puede, todos podemos. Él es dueño de una de las empresas más importantes del mundo, viaja constantemente, se entrevista con presidentes, congresistas, artistas y científicos. Es una persona ocupada, pero eso no le impide leer.

Por último, no queda más que invitarlo a leer. No sólo hay que leer para evitar la intolerancia, la quema de libros y el autoritarismo. También hay que leer para descubrir nuevos mundos, viajar a lugares insospechados. Mientras se lee es posible sentir amor, tristeza, ira y compasión. Los temas son inacabables. Las bibliotecas también.

Nunca podremos leer todo lo que hay en una librería. Como dice Fernando Savater, los libros son un gran laberinto. Una vez que se empieza, no hay salida. Jamás habrá un ser humano que pueda escapar de los libros. Pero no se asuste. Dentro del Gran Laberinto del hábito de la lectura encontrará sentimientos, historias, anécdotas. Experimentará sensaciones desconocidas. No se olvide de saludar a los dragones ni de visitar otros planetas. Tómese una “selfie” con Harry Potter y con Aureliano Buendía y compártalas en su muro.

Yo, por lo pronto, continuaré con mi camino de lecturas. Seguiré paseando por el Gran Laberinto de los libros. Por ello, este año continuaré publicando reseñas de muchos textos. Algunos de los libros que reseñaré han formado mi pensamiento. Otros serán libros nuevos, propuestas actuales. En Lecturas Esenciales hablaremos de todo.

Lo invito a acompañarme en esta aventura literaria. Lo invito a ser parte de Lecturas esenciales en 2016.

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