En estos tiempos es más evidente la distancia que media entre el plano emocional y el existencial de las personas. Toda sociedad plantea tal situación, sin embargo, con los mexicanos ha sido y es mayor desde que nuestros antepasados aguardaban el regreso de Quetazalcóatl. El mundo de las creencias superpuesto al de las ideas. La reflexión es pertinente para entender los términos de la adhesión social con el Presidente López Obrador, que contrasta con el balance en torno a su gobierno.

El consenso de todas las encuestas pareciera indicar que la realidad es muy dolorosa para aceptarse, y que es mejor buscar otra vez refugio en la esperanza, en el anhelo de que las cosas habrán de mejorar y pronto. La gente sabe que, objetivamente, el país está en una circunstancia particularmente adversa. La ausencia de virtud y la mala fortuna se han potenciado para la desfavorable situación que ahora se nos presenta. Cuatro frentes acusan deterioro: la economía, la salud pública, la legalidad y la desconfianza ciudadana a las instituciones a causa de la corrupción. El daño es profundo y su secuela afectará a lo que resta del sexenio actual y aún más allá.

En el país hay polarización, pero no hay enfrentamiento ni desorden social porque hay un colchón de confianza en el mandatario que la inseguridad y la crisis de legalidad amenazarán siempre. Y es que ni la impunidad ni la corrupción se resuelven con la prédica o la denuncia pública, se requiere del debido proceso y de la sanción. Estricta legalidad, pues.

Una y otra vez, el Presidente ha dejado pasar la oportunidad para unir al país y ejercer su liderazgo a partir del reconocimiento de la pluralidad. La agenda para la reconstrucción requiere de su convocatoria. Esto no supone subordinación de los convocados ni que el grupo en el poder suspenda su proyecto político. El Presidente lo puede hacer por el inobjetable y amplio respaldo que tiene.

Pero lo que hay, son señales ominosas en el horizonte. La acción punitiva contra la revista Nexos o la amenaza de excluir a la diputada Dulce Ma. Sauri de la presidencia de la Cámara de Diputados. La publicidad del informe tampoco contribuye a un sentido de unidad, a pesar de que el país y el gobierno lo requieren. La reconstrucción tiene que ser tarea de todos.

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