En nuestro régimen federal, el Presidente cuenta, invariablemente, con el apoyo de los mandatarios estatales. Así es porque federación y estados comparten problemas, anhelos y objetivos. Se entienden las coyunturas de desencuentro, y también los temas de tensión, como es el fiscal y presupuestal. De hecho, puede decirse que el federalismo continúa siendo más propósito que realidad, pero es la mejor vía para la coordinación de esfuerzos.

El prejuicio sobre la corrupción, dispendio e improvisación de los gobiernos locales ha sido el argumento de siempre del centralismo, como si el gobierno nacional fuera el ejemplo. Desde luego que hay casos de venalidad y deterioro del sentido de responsabilidad del servicio público, pero es la autoridad más próxima a las necesidades de las personas.

En materia de salud, este gobierno ha asumido una postura centralista en extremo. El INSABI pretende despojar a los estados de toda responsabilidad, incluso de la infraestructura hospitalaria que se ha construido con recursos locales y que, en muchas ciudades, son ejemplo de calidad y calidez de servicio.

El Dr. López-Gatell, a pesar de la conducción desastrosa de la estrategia contra la pandemia, ha sido el ideólogo e instrumentador de dicho despojo. Su resistencia a que los gobiernos locales importaran pruebas de contagio, fue un error lamentable, uno más de entre los muchos que impidieron un adecuado manejo de la crisis e inhibió un diagnóstico imprescindible para contener el contagio.

López Obrador, tarde o temprano, tendrá que poner un alto a su colaborador. En la última reunión virtual de la CONAGO, amagó con sancionar a las autoridades locales con cárcel si se desentienden de las directrices del gobierno central. Un desplante que no abona al entendimiento.

En el manejo de la crisis sanitaria el Presidente tiene el respaldo de los gobernadores y de la jefa de gobierno. Pero va a requerir darle mayor vigencia al Consejo Nacional de Salubridad, donde convergen entidades, sociedad, expertos y el conjunto del gobierno federal. Cuando nos acercamos a 50 mil muertes por la pandemia, lo que se necesita es mayor coordinación institucional; salvar vidas, en vez de profundizar las diferencias.

 

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